Flavia Liberona, Biológa: "El trabajo de la Concertación en materia de medio ambiente fue deficiente"

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Estudió ciencias biológicas en la Universidad Católica, lo cual se convirtió en un detonante que determinó su interés por el medio ambiente. El tiempo puso a Flavia Liberona al frente de la Fundación Terram que, dentro de su declaración de principios aclara que “no adhiere a partidos políticos”, y que su única preocupación es la defensa del medioambiente en Chile, cuya finalidad es ser una “organización de la sociedad civil crítica y propositiva”.

Ante el panorama crítico al que se enfrenta el país, con megaproyectos de la minería, que demanda de una excesiva cantidad de energía, y la proliferación de las plantas termoeléctricas en el país, acudimos a su experiencia para entender cuál es la responsabilidad del Estado y de todos los ciudadanos y ciudadanas en asegurar un mundo más habitable.

-¿Piensa que existe conciencia en la ciudadanía sobre el cuidado del entorno en que vivimos?

– Sí y no, creo que muchas personas, sobre todo niños y jóvenes, cada día tienen más conciencia sobre el cuidado del entorno, también pasa esto con comunidades locales o zonas pobladas donde hay problemas o amenazas de proyectos. Éstos, de materializarse, cambiarían radicalmente el medio local, las actividades económicas y la calidad de vida de las personas, lo que hace que tomen conciencia.

Por otra parte hay poca ciudadanía organizada que esté permanentemente mostrando una posición de defensa del medio ambiente, lo que existe más bien son grupos o comunidades locales afectadas pero que no se articulan entre sí.

Por último, el ciudadano medio de la Región Metropolitana, o de los grandes centros urbanos en general, no manifiesta ningún interés y más bien son personas individualistas, agresivas, donde el concepto del bien común no está internalizado en sus vidas.

-Durante su campaña presidencial, Sebastián Piñera señaló que se opondría a las termoeléctricas, pero hay diez centrales operando, cinco evaluándose y trece en proceso de construcción ¿Qué opina de ello?

-Las promesas de campaña, son promesas de campaña, y los que trabajamos en estos temas estamos acostumbrados a que los candidatos de cualquier coalición digan una cosa y hagan otra. Lo que Piñera hizo con Barrancones es excepcional y considero que allí confluyeron una serie de circunstancias que gatillaron la intervención presidencial. Ahora, después de este evento, lo más probable es que no intervenga nuevamente y, como se usa decir, que deje que las “instituciones funcionen”. En buen chileno, significa dejar actuar un sistema de evaluación imperfecto y procesos de calificación ambiental con irregularidades, pero que permiten aprobar proyectos.

-¿Considera que el presidente Piñera ha mentido, entonces?

-Eso es difícil de calificar, como dije, las promesas de campaña son eso, promesas. Lo que pasa es que los ciudadanos tratamos que los ganadores de una elección cumplan sus promesas, en este caso Piñera. Y en ese sentido, más allá de lo que diga actualmente, tenemos el derecho y deber de cobrarle su compromiso.

Estoy convencida de que muchos candidatos, entre los cuales Piñera no es la excepción, cuando prometen algo no saben qué significa en términos del marco regulatorio y eso es un tanto irresponsable. Por tanto, meten las patas y a veces prometen cosas que no pueden cumplir.

-¿Qué opina de la postura medioambiental del Presidente?

-Considero que el presidente Piñera tiene una sensibilidad en esta materia y algo entiende de medio ambiente, lo cual es un dato de la causa. Pero también es un empresario tradicional que representa a una coalición y un sector del país en el cual los temas ambientales son vistos desde la perspectiva de los negocios y no del bien común. Por tanto la postura que pueda tener en relación a algunos temas ambientales, no necesariamente es la posición de su coalición. Las ideas, posturas y compromisos del Gobierno en materia ambiental están plasmados en el programa de gobierno y en el accionar de los funcionarios que dependen del Presidente.

-¿Cómo evalúa el trabajo realizado por los gobiernos de la Concertación en materia medioambiental?

-Absolutamente deficiente. La Concertación se dedicó a administrar un modelo económico bajo la premisa de que las “consideraciones ambientales no detendrán el desarrollo”. Esto, en la práctica, se tradujo en que tuvimos funcionarios de Gobierno dispuestos a minimizar los temas ambientales; no poner restricciones a proyectos de inversión; no proteger los ecosistemas y el patrimonio natural; no resguardar actividades económicas locales amigables con el entorno; no generar normativa; no implementar mecanismos adecuados de fiscalización; no apoyar las demandas ciudadanas y de comunidades en conflicto; es decir, no generar avances reales en esta materia.

Prueba de ello, es el informe de evaluación de desempeño ambiental que el 2005 diera a conocer la OCDE, en el cual se establecen 52 recomendaciones en materia ambiental, en las que Chile debería avanzar. En general, la política de la Concertación fue hacer la vista gorda en los temas ambientales, dejar a las comunidades sin apoyo y generar un marco normativo débil e incompleto, pero que ante los organismos internacionales parece que existe y da la impresión que tenemos reglas y normas que funcionan. En este sentido, se preocupó de la forma pero no del contenido, no del cumplimiento.

La Concertación, como bloque, estigmatizó los temas ambientales como si fuesen patrimonio de grupos de interés de clase media alta y nunca entendió el vínculo entre lo ambiental y lo social. Tampoco comprendió que no abordar estas problemáticas genera conflictos, frustración y finalmente problemas de gobernabilidad en los territorios.

La gran campaña mediática por la Patagonia sin represas ¿Puso en segundo plano el desarrollo de los proyectos termoeléctricos ?

-Considero que la campaña Patagonia Sin Represas puso en la discusión pública, la del ciudadano común, el tema de la generación eléctrica en el país. Más allá de la sensibilización en relación a la Patagonia y el daño que implicaría la construcción de estas centrales, ha ido instalando la valoración de esta parte del territorio en muchas personas, ha acercado la Patagonia al chileno medio. Además, ha planteado cuestionamientos a la instalación de este tipo de proyectos bajo el concepto de ¿para quién es esta energía eléctrica? ¿quién se beneficia de ella?, ¿a quiénes perjudica este tipo de proyectos?

En relación a las termoeléctricas y conflictos ambientales asociados a proyectos de generación eléctrica, creo que la campaña, si bien tiene el foco en las represas de Aysén, en su dinámica interna ha ido incorporando las otras problemáticas y desde un comienzo ha tenido como objetivo promover una política de generación eléctrica para Chile, de mediano y largo plazo, discutida con todos los actores y sectores. Pero en lo público, es decir en los grandes medios de comunicación (TV y prensa escrita), la discusión se ha polarizado entre las represas de la Patagonia o la energía nuclear, invisibilizando una serie de importantes conflictos locales como Campiche, Castilla, Achibueno, Chanabayita, entre tantos otros. Pero esta invisibilización no es responsabilidad de la campaña Patagonia sin Represas, sino de los administradores de los medios de comunicación y del Gobierno.

-¿Se puede usar el carbón para generar energía eléctrica sin dañar el medioambiente?

-El carbón puede usarse para la generación eléctrica en mejores condiciones de las que actualmente se utiliza en Chile, pero de allí a decir que pueda ser amigable con el medio ambiente hay una distancia. Todas las tecnologías disponibles que utilizan carbón
son contaminantes, el tema es ¿cuán contaminantes? Y cómo se regula para que ocasionen el menor impacto ambiental.

En términos generales, se puede decir que las termoeléctricas pueden usar distinto tipo de combustible para su funcionamiento. Entre los más usados está el gas, carbón (de distintas calidades), petcoke, diesel-fuel oil. Luego, se debe analizar el impacto ambiental y/o la contaminación que genera cada uno de estos insumos, el precio del combustible y la seguridad de suministro. Con todo esto se puede generar un marco regulatorio adecuado que permita, por una parte, usar este tipo de tecnología pero generando el menor impacto.

Actualmente, en Chile, no tenemos regulaciones adecuadas que garanticen la utilización de termoeléctricas con un impacto ambiental más bajo y, en este sentido, hay problemas normativos tanto en el sector energético como en las evaluaciones de impacto ambiental. Son las empresas las que definen cuándo, con qué tecnología y dónde instalan sus proyectos de generación eléctrica y, por tanto, lo que ocurre es que estas empresas son las que en definitiva deciden la política de generación eléctrica para el país. El Gobierno no tiene un marco regulatorio que le permita ordenar a las empresas y, mucho menos, plantearse establecer una política de generación eléctrica de mediano y largo plazo.

Por otra parte, no hay un ordenamiento territorial que defina dónde sí y dónde no, qué tipo de tecnología pueden usar y cuál no, que defina cuántos años pueden estar en funcionamiento, etcétera. Es decir, hay muchos temas no resueltos en relación a termoeléctricas, lo cual permite que en la actualidad existan en el parque termoeléctricas de 70 años u otras que nunca fueron evaluadas ambientalmente, tampoco hay regulación para combustibles sólidos. En fin, son muchos los temas que, de ser abordados adecuadamente, permitirían el funcionamiento de termoeléctricas con mejor estándar ambiental y menos impactos sociales.

-¿Cuáles son, a su juicio, los sectores más vulnerables medioambientalmente en Chile?

-Más bien yo me preguntaría cuáles son los tipos de proyectos más contaminantes o que generan más impactos ambientales y en función de eso identificar los sectores más vulnerables. Sin embargo, diría que los sectores de la población más vulnerables son los habitantes de pequeñas comunidades, los poblados pequeños, las comunas más pobres dentro de los centros urbanos grandes; es allí donde se instalan las termoeléctricas, los vertederos, las plantas de celulosa, entre otro tipo de actividades productivas. Pero también están los habitantes de centros urbanos que están sometidos, durante todo el año, a la contaminación atmosférica, esto pasa en Santiago, pero también en muchas ciudades del sur, donde el impacto de la contaminación en la salud de las personas no es considerado adecuadamente para tomar medidas de política pública, como es la implementación en forma rápida y efectiva de planes de descontaminación.

También están los grandes proyectos mineros que generan otro tipo de impactos ambientales en comunidades locales, como son los desechos de faenas mineras o los conflictos y dificultades por acceso al agua. Por otra parte, están las plantaciones forestales basadas en el monocultivo, las que por el tipo de prácticas silvícolas como la tala rasa, generan impactos en el suelo, el agua, la biodiversidad entre otros.

Pero si se quiere encontrar un patrón común, uno podría decir que el Estado y nuestras autoridades no se hacen cargo de resguardar el patrimonio natural ni de cautelar el bien común y garantizar el derecho de todas las personas a vivir en medio ambiente libre de contaminación.

-¿Quiénes son, hoy en Chile, los principales financistas de la defensa del medioambiente?

-Existen grandes financiamientos internacionales para los Gobiernos y son administrados por este; las empresas manejan fondos para trabajar temas ambientales al interior de sus instituciones; las universidades y centros de investigación, en general, tienen financiamientos conjuntos desde el Estado y las empresas. Este último tipo de financiamiento apunta a la implementación de políticas o al desarrollo de la investigación en materia ambiental.

En relación a las organizaciones ciudadanas, desde lo que conozco, no hay principales financistas, ojalá los hubiera. Las organizaciones ambientales, ONGs, postulan proyectos a instituciones donantes en general fuera de Chile. Hay ONGs que tienen proyectos financiados por instituciones grandes, como puede ser la Unión Europea, PNUD, o donantes más pequeños como fundaciones ambientales de Europa o Estados Unidos. Por otra parte, las comunidades locales u organizaciones de base que se oponen a proyectos, generalmente lo hacen en forma voluntaria.

-¿La creación del Ministerio del Medio Ambiente es una solución?

-La reforma a la institucionalidad ambiental, que crea el Ministerio del Medio Ambiente, es una institucionalidad débil, que no resolverá los problemas ambientales de Chile. Si bien es importante contar con un ministerio, también es importante que éste tenga un marco regulatorio que le permita generar políticas adecuadas en resguardo del medio ambiente y el bien común, pero las facultades del nuevo ministerio no le permiten realizar adecuadamente estas tareas, ya que las políticas públicas en materia ambiental las definirá el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad. Por tanto, definitivamente, la creación del Ministerio del Medio Ambiente, la Superintendencia Ambiental y el Servicio de Evaluación Ambiental, que surgen a partir de la aprobación de la ley N° 20.417, en enero de 2010, no solucionarán los problemas ambientales en Chile. Esta fue una reforma que no resuelve los problemas de fondo.

Solo para ejemplificar, puedo decir que en el caso de la termoeléctrica Barrancones -evaluada con la ley ambiental antigua N° 19.300-, si hubiese sido evaluada con la ley nueva, tendría los mismo problemas que vimos y probablemente el Presidente de la República hubiese intervenido igual.

Respecto del protocolo de Kioto, ¿Qué opina de que países altamente industrializados, como Estados Unidos se han negado a firmar el acuerdo?

-Es una mala cosa. El que ha sido el país más contaminante, más emisor de gases de efecto invernadero y no ha suscrito el protocolo de Kyoto. Esto, obviamente, impone dificultades en las negociaciones y debilita los acuerdos que se puedan alcanzar. Más aún, cuando Estados Unidos ha planteado su propia agenda de reducción de emisiones con compromisos de reducción muy bajos si se los compara con los países de la Unión Europea.

-¿Qué resolución crees que debiera arrojar la Cumbre Mundial sobre el Cambio Climático que se realizará en México?

-Por cómo van las cosas, no se espera que la reunión de Cancún arroje grandes acuerdos. La COP 16 tiene importancia por realizarse en Latinoamérica y presenta una oportunidad para los países de la región de relevar sus problemas, buscar soluciones conjuntas y posicionarse políticamente. Tal vez, lo más importante que puede ocurrir es que se acuerde que las negociaciones deben darse en el marco de la Convención y no negociaciones bilaterales o multilaterales y fuera del ámbito de la convención. Esto debilita la posibilidad de alcanzar acuerdos planetarios. Es importante que los acuerdos sean en el marco de un convenio internacional y es importante garantizar este espacio.

-¿Qué debemos hacer para dejar un planeta limpio a las futuras generaciones?

-Tenemos que hacer un cambio cultural fuerte si queremos dejar el planeta en iguales condiciones que las actuales. Estamos en una etapa de deterioro acelerado del planeta, pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas y eso finalmente repercute en las personas
, pues a la base de todos los sistemas productivos y de todo lo que utilizamos en nuestra vida cotidiana, está la naturaleza. Debemos frenar el consumismo, tenemos que dejar de ser consumidores para volver a ser ciudadanos. Los países deben frenar sus emisiones, reducir drásticamente el consumo de energías fósiles y pasar a otro tipo de economía.

-¿Crees posible para la sociedad contemporánea nutrirse solamente de energías renovables?

-Lo claro es que las reservas de petróleo son limitadas y que la quema de combustibles fósiles ha provocado el calentamiento global, con las consecuencias de cambios climáticos que estamos viviendo, lo cual pone en riesgo a muchas personas en el planeta. Por tanto, debemos pasar de un sociedad mundial que basa su funcionamiento y desarrollo en el consumo de energías fósiles a otro tipo de sociedad y economía, donde las energías renovables surgen como alternativa. Pero no se puede pasar de golpe la matriz actual a una matriz basada en Energías Renovables No Convencionales (ERNC), lo que se debe hacer es planificar e implementar una transición, lo que pasa por uso eficiente de la energía. Ahorro, mayor incorporación de energías renovables en la matriz, pero por sobre todas las cosas hay que generar cambios culturales que permitan hacer estos cambios y reducir emisiones.

-¿Qué opina del llamado Calentamiento Global?

-Es el problema de la humanidad por los próximos 100 años o más. Sin embargo más allá de las responsabilidades en el origen del calentamiento global, este es un problema planetario y los países, los gobiernos y los ciudadanos deben tomar conciencia de esto. El calentamiento global afecta a todos, por lo que hay responsabilidades diferenciadas y hay que tomar medidas que intenten frenar el calentamiento global considerando estos aspectos, pero conscientes de que la humanidad está viviendo una crisis que nos involucra a todos.

 

Fuente: El Ciudadano

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