La creadora de "Super Mario Inc."

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Delante de la casa de Mario Sepúlveda -el minero que saltó a la fama por su histriónica salida el día del rescate de los 33- y de su mujer Elvira Valdivia, hay pilas de tejas de arcilla, palos de madera, plásticos y otros restos de una obra en construcción.

Esa casa de Pudahuel, en un pasaje tranquilo y ordenado, es el lugar donde la pareja vive junto a sus dos hijos -Scarlette, de 19 años y Francisco, de 13- y la mamá de ella, hace más de cinco años. Pero en los últimos meses el minero se ha empeñado en mejorarla. Amplió la cocina y le hizo un ventanal, construyó un quincho con una mesa adornada con cerámicas en el patio trasero, y planea hacer una sala de estar con suficiente espacio para poner una buena pantalla plana y un sistema de karaoke. En la entrada de la casa, a un costado del living-comedor, está la oficina de Elvira, más conocida como “Katty”. Es un espacio pequeño, con un computador de mesa, un notebook, una memoria externa y una impresora. Muebles para guardar archivos y bolsas de boletas y papeles contables. En la pantalla de su equipo, tiene tres buzones de correo electrónico abiertos. A un costado, está su blackberry negra, que suena cada vez que le llega un mensaje.

Todos los arreglos de la casa se han hecho progresivamente, buscando los materiales de más bajo costo y sin invertir de manera desmedida. Porque en la casa de los Sepúlveda Valdivia todo se hace de manera calculada.

-Yo soy contadora auditora, soy matemática, entonces pienso en esas cosas- dice Katty, mientras revisa los mensajes que le llegan desde países como Estados Unidos, Panamá, Costa Rica, Inglaterra y Argentina, invitando a su marido a participar en algún evento, a dar una entrevista para el primer aniversario del accidente o dar una charla de seguridad o motivacional, que es su especialidad.

La han llamado “la agenda humana” de Mario Sepúlveda. También su “mánager”. Mientras los 33 aún estaban bajo tierra, la acusaron de sentirse superior a las demás mujeres de mineros, por no relacionarse mucho con ellas y no dormir en el campamento. Ella siempre ha rechazado esas acusaciones. Lo cierto es que desde un comienzo fue una de las más activas a la hora de exigir una reparación por el daño a las familias y de preparar lo que sería el regreso de su marido a la superficie, en términos de manejo mediático.

-A nosotros nos llamaban mucho para hacernos entrevistas, entonces me imaginé que una vez que Mario saldría sería así también. Realmente esto fue un milagro, un hecho histórico que marcó tanto a nivel nacional como mundial. A Mario lo ven y lo tocan para asegurarse de que no es mentira. Traspasó fronteras. Entonces, un amigo me dijo que lo mejor que podía hacer yo era sacarle partido a esta situación, que esto podía ser a corto o largo plazo, dependiendo de cómo lo manejara a futuro. Me dio la idea de hacer una empresa, una página web. Y yo lo pensé. A mí en mis estudios me enseñaron a crear empresas, a concretar ideas, entonces tengo esa mentalidad- dice.

Ella se lo comentó a su marido, y él desde abajo se sumó al proyecto.

-Él me escribía: “Vea usted las cosas, usted sabe harto, vea si hay alguna persona interesada en mí, las condiciones de lo que salga, lo del dinero. Véalo usted”. Así lo fuimos manejando.

Hoy, Mario y Katty son socios de la empresa “Consultoría y Asesorías Sepúlveda y Valdivia Limitada”. Tienen una página web, www.mineromariosepulveda.cl, una relacionadora pública en Estados Unidos, un cúmulo de más de mil tarjetas con gente por contactar, y charlas y entrevistas concertadas en distintos continentes en los próximos meses.

-Tenemos proyecciones. La idea de nosotros es que Mario tenga charlas constantemente, y tenemos los contactos. Siempre vamos los dos. Yo saco fotos, veo que se cumplan las condiciones, el tema del pago.

El magnetismo del milagro

Cuando Mario Sepúlveda quedó atrapado en la mina San José, Katty trabajaba para la empresa Pricewaterhouse y contaba además con una cartera de clientes compuesta por vecinos y negocios del centro. Estaba terminando sus estudios de auditoría en la Universidad Arturo Prat. Cuando ocurrió el derrumbe que sepultó a su marido, tuvo que dejar todo en suspenso. Cuando se supo que los 33 estaban vivos, a medida que pasaba el tiempo, fueron surgiendo nuevas preocupaciones. A Katty la angustiaba el futuro: qué iba a pasar con Mario, en qué estado iba a salir, pero también qué perspectivas laborales tendría.

-Tenía preocupación sobre qué iba a hacer Mario, qué ibamos a hacer con todo lo que habíamos perdido, porque nosotros perdimos colegio, perdimos trabajo, perdimos estudios. Me dio miedo la inestabilidad. Pensaba que él no iba a poder trabajar nuevamente en una mina porque no es menor lo que pasaron ellos. Y también pensé que nadie lo querría contratar, porque todo el mundo sabe lo que les pasó. Ahí fue cuando se nos ocurrió con Mario que podíamos hacer distintas cosas- dice Katty.

Viste una parka negra, que se compró hace unos días para un paseo de un fin de semana al Huilo Huilo, cerca de Panguipulli, donde fueron en familia. Se sirve un té y cuenta que las cosas se fueron dando de a poco. Que tras las sugerencias de su amigo, llegaron las primeras solicitudes de entrevistas exclusivas con Mario para medios extranjeros. Que distintos periodistas le dieron un rango de precios por cobrar (para una conversación con un diario europeo llegaron a recibir 25 mil euros). Que una vez se le acercó una mujer para pedirle que al salir de la mina Mario diera una charla con ella por 1,2 millones de pesos.

-Ahí se me prendió la ampolleta- dice. -Empecé a buscar asesoría sobre los honorarios, los requisitos técnicos, como el audio, el tiempo que debía durar una charla, la música. En un comienzo sentí mucha presión, de gente que se quería aprovechar de la situación, por eso también me hice cargo.

En la página web, el texto de presentación de Mario dice: “Los invito a ser parte de mi historia, viajar a través de generaciones; sin distinguir clases sociales, culturas, religiones y fronteras. Con la misma unidad que vivió el mundo el día en que fuimos rescatados, con esa misma luz que por largas horas mantuvo a todos pendientes de este gran milagro de vida”.

Mario, explica su mujer, siempre ha sido una persona positiva, pese a las adversidades que ha debido enfrentar. Y esa es quizás su principal gracia. Los psicólogos hablarían sin duda de un gran ejemplo de resiliencia.

-Nosotros siempre pensamos que no es casual que de este accidente hayan salido los 33 vivos, ilesos, sanos, entre comillas, porque varios tienen algún daño psicológico. Para nosotros fue un milagro, y Mario piensa que eso se puede transmitir al resto del mundo. Siempre dice que la gente necesita del milagro, de algo positivo, de algo que los levante. Él tiene esas ganas de poder ayudar. Siempre me dice “si voy a una charla con 300 personas y mi experiencia de vida les puede servir sólo a diez o a dos, me siento gratificado”. Yo veo la parte de los negocios, pero Mario es netamente humano. Él quiere convencer de que no todo está oscuro, que siempre hay una luz, una esperanza. Y por él que las charlas fueran gratis. Yo veo la parte empresarial, él no.

-¿Tienen conflictos por eso?

-De repente, porque él es muy blandito, quiere ayudar a medio mundo. Daría su casa, todas sus cosas. Yo soy más matemática, más estructurada, me fijo más en los números. Mario es más corazón de abuelita, lo que no significa que yo no sea humana también.

-¿La han acusado de ser interesada por manejar este negocio?

-No, todo lo contrario. Me comentan: “Qué bueno que le ayudes a Mario, se nota que eres su cable a tierra”. Saben que Mario y yo somos polos opuestos en eso, entonces me dicen que hacemos un buen equipo. Siempre me dicen que es un buen producto y que está bien que h
agamos esto. Mario se ha ido perfeccionando más. Sabe en qué enfocarse según el público, cómo llegar a la gente. Nosotros filmamos las charlas y las revisamos para hacer autocrítica: de repente los niños le dicen: “Papá, te moviste mucho” o “repites mucho esta palabra”. Vamos corrigiendo los errores. Además, Mario esto lo hace en forma innata, porque a él le gusta. Cuando habla, lo hace con pasión, con energía. No es que finja.

-Usted dice que sintió mucha presión por el interés por Mario. ¿Ha tenido alguna mala experiencia?

-Tuvimos un problema con una persona que decía querer ayudarnos. Apareció y quiso hacerse cargo de todo, administrar todo. Empezó a decirle a Mario que yo no sabía, que no cobraba bien, todo lo malo que era yo. Y Mario como no sabía tampoco, se empezó a enojar conmigo, a decirme que me estaba equivocando en las cosas que hacía. Ahí empezaron los problemas, porque él dudó de mí. Me dio pena, rabia, angustia. Yo no entendía por qué tanta maldad. Fueron problemas innecesarios, que no debiéramos haber pasado. Pero Mario es más confiado que yo. Yo estudio la Biblia con los Testigos de Jehová. Eso nos ayudó mucho con mis hijos después del accidente. Y también me ayudó a entender que todos somos seres humanos y cometemos errores. Eso me ayuda a no sentir tanta rabia y rencor contra esa persona.

Educación primero

Son cerca de las cinco de la tarde y Mario Sepúlveda irrumpe con el protagonismo que lo caracteriza. Está visiblemente molesto porque lo informaron poco antes que existían pocas probabilidades de que los dueños de la mina fueran condenados a la cárcel por el accidente. Viste un pantalón de terno y una camisa blanca, que se compró el día anterior en las liquidaciones.

Saluda, entra a la oficina y le muestra a Katty unas fotos que sacó en el terreno que arrienda en Pudahuel con un amigo y donde quiere crear un centro de eventos costumbristas. Dice que la vida no se le ha hecho más fácil desde su regreso de la mina.

-Nos sacamos la cresta trabajando, porque ahora somos nosotros nuestros propios productores. Ahora ya no somos empleados. Seguimos con el estándar que siempre hemos tenido, porque somos cuidadosos con los gastos, somos aterrizados -dice, y saca un cuaderno con números, fechas y nombres, en el que registra sus deudas.

-Tenemos todo anotadito. Nos faltan como cinco millones para salir de las deudas. Aquí dice 3,5 millones de pesos para mi comadre Menche, una súper amiga mía. Me faltan un par de meses no más para salir de esa. 288 mil pesos… 126 mil… Quince mil a la Katty. ¡Ella me lo cobra todo!- dice y ambos estallan en una carcajada.

Su principal preocupación, explican más serios, es la educación de sus hijos. Por eso, todos los meses ahorran y se preocupan de tener reservas para mantener su estándar de vida estable, sin importar si algún mes les va menos bien que otro. A fines de agosto, Scarlette, la mayor, viajará a Estados Unidos por seis meses a estudiar inglés, becada, en la Universidad de Nevada. La oportunidad llegó de la mano de la escritora Emma Sepúlveda, autora de “Setenta días de noche” y profesora de ese centro de estudios.

-La idea es que estudie inglés y después una carrera allá o acá, si no se acostumbra. También estamos ahorrando para el futuro de Francisco. Nosotros desde chiquititos les hemos inculcados que tienen que ir a la universidad, que no basta con tener cuarto medio -dice Katty.

Mario agrega:

-La verdad es que estamos obsesionados con que ellos sean profesionales y que nadie los apunte con el dedo. A mí me han humillado mucho. He tenido que aguantármelas en muchas ocasiones por no haber estudiado, por donde vengo. No queremos eso para nuestros hijos.

-Katty, ¿qué lecciones ha sacado de todo lo que han vivido el último año?

-He aprendido a no pensar tan a futuro porque el presente te puede cambiar así (chasquea los dedos), de un rato para otro. Yo tenía mi vida planeada, iba a estudiar, trabajaba en una buena empresa, planificaba el futuro y me di cuenta de que un accidente lo puede cambiar todo. Entonces trato de vivir el día a día sin tanto esfuerzo. Sigo pensando en el futuro pero no tan a largo plazo, salvo para la educación de mis hijos. Y tampoco me mato con eso porque hoy hay muchas posibilidades para estudiar. Yo misma estoy casi terminando una profesión. Sé que en cualquier lado me van a recibir porque gracias a Dios tengo un buen currículum. No le tengo miedo al futuro.

-¿Siente que usted construyó la imagen de su marido?

-No. Yo creo que fue él por su personalidad, por su forma de ser, porque es extravertido. Él la construyó cuando estaba abajo y comenzaron a salir los primeros videos. La gente empezó a hacerse una idea de Mario, de cómo era, de sus características. La gente cuando me llamaba, ya tenía esa imagen de él “periodista”, él “entrevistador”. Yo en el fondo la amononé.

 

Fuente: Revista Ya

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