A 80 Años de la República Socialista de Chile

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Sr Director:

El 4 de junio de 1932 el Comodoro del Aire, Marmaduke Grove Vallejo,  junto a un centenar de adherentes que eran parte de una abigarrado movimiento cívico militar, apoyados por la guarnición militar de Santiago, entraron a la Moneda y destituyeron al presidente Juan Esteban Montero,  constituyendo   enseguida una Junta de gobierno integrada por el dirigente socialista y gran  maestro de la  Masonería Eugenio Matte Hurtado, el periodista Carlos Dávila y el general (r)   Arturo Puga.   Se iniciaba así una singular experiencia de gobierno  que duró 12 días y que es conocida en nuestra historia como la República Socialista de Chile.

Rápidamente se conformó un gabinete  donde  7  de los 10 ministros  procedían de agrupaciones socialistas, es decir:     Oscar Schnake  (Secretaría General de Gobierno),  Eugenio González (Educación), Luís Barriga (Relaciones Exteriores), Alfredo Lagarrigue (Hacienda), Oscar Cifuentes (Salud),  Carlos Alberto Martínez (Tierras y Colonización), en tanto que Grove asumía el Ministerio de Defensa.

Entre las primeras medidas políticas,  el nuevo gobierno ordena la disolución del Congreso Nacional designado por  Carlos Ibáñez en 1931  conocido como  el Congreso Termal;   decreta el indulto de los marinos encarcelados  por participar en la sublevación de la Escuadra en 1931;    ordena el reintegro de los profesores y alumnos expulsados de la Universidad por el Consejo Universitario  y    decreta  una amnistía general para todos los procesados y presos políticos.

La República Socialista cuestiona drásticamente el liberalismo económico imperante y “su incapacidad para enfrentar la gravedad de los   problemas económicos  que vive el país”   y, a través del Ministerio de Hacienda implementa un Plan económico llamado el “ Plan de las 40 medidas”, destinado a  “alimentar, vestir y domiciliar al pueblo”.

La República Socialista adopta, además, una serie de medidas económicas y sociales orientadas a enfrentar la crisis  y abrir paso a la justicia social. Entre ellas:  control del crédito y del comercio interno y externo;  exigencia  a las empresas de mantener la producción; establecimiento de un impuesto a las grandes rentas;  establecimiento de las bases para la creación de empresas estatales productivas;  devolución inmediata de las herramientas y otros bienes retenidos a los  obreros y artesanos en la Caja de Crédito Popular (Tía rica); prohibición de lanzar  a la calle a los arrendatarios;  concesión de créditos a los pequeños comerciantes; creación del Banco del Estado;  establecimiento de las bases para una reforma educacional.

Algunos sectores de izquierda rechazaron al nuevo gobierno  y  trataron de organizar una oposición popular al mismo, todo esto bajo el argumento  que  “mediante un golpe de estado no puede implantarse el socialismo”.

Otros sectores populares, en cambio,   recibieron con los brazos abiertos al gobierno de la República Socialista. La Liga Social, por ejemplo,  una entidad de raigambre católica  manifestó  a través de sus máximos líderes, el sacerdote Fernando Vives y el dirigente gremial Clotario  Blest, su pleno apoyo al nuevo gobierno.

Ya en los primeros meses posteriores a la República  se  generalizó  la valoración de esta experiencia de gobierno como un aporte al desarrollo organizativo, político y programático del espectro progresista del país, reconociéndose que la República puso en movimiento a nuevas capas de la población  que tomaron conciencia del valor de la política y de la lucha por soluciones socialistas frente a las  necesidades del país.

La República Socialista fue una experiencia que se plasmó en un Chile sumido en la más profunda inestabilidad política,  derivada de la crisis global y nacional del capitalismo libremercadista.  Menos de un año antes de la República, el 26 de julio de 1931, había  caído la dictadura de Ibáñez, en septiembre se había sublevado en Coquimbo la marinería de la Escuadra y en los días de Navidad se habían vivido los luctuosos acontecimientos de la llamada Pascua Trágica que habían significado decenas de muertos en las  ciudades de Copiapó y Vallenar.

La crisis del salitre y de la minería en general determinaban una situación económica desesperante, marcada por el desempleo masivo, la emigración forzada, la miseria y el hambre.

La República Socialista  instaló ideas y valores nuevos,  y  promovió  líderes   que sirvieron  a la política popular en Chile.  Constituye en particular una experiencia  que fue  un antecedente  relevante  para  la fundación  del Partido Socialista   en abril de 1933.

Por Giuliano López, consejero regional de Atacama

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