Luis Joaquín Morales Ocaranza, Padre de la Matria Huasquina

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En ésta tercera reseña tendré el inmenso placer de referirme al libro “Historia del Huasco”, de Luis Joaquín Morales, editado originalmente mediante entregas parciales entre los años 1896 y 1897 y reeditado en 1981. El doctor Morales, nacido en Huasco Bajo y descendiente de una antigua familia de este valle es quien inaugura la historiografía local, desde lo local, su pluma temprana es una luz en medio de la oscuridad ágrafa del siglo XIX en nuestra zona; es por ello fuente inagotable de lecturas y relecturas posibles sobre nuestro pasado, siendo su inestimable autor víctima del olvido colectivo y de los plagios mas obscenos de buena parte de la pequeña tribu de historiadores y cronistas locales posteriores.

Luis Joaquín Morales escribe su historia inscrito dentro de la tradición de la historiografía clásica chilena, representada, principalmente, por Diego Barros Arana, José Toribio Medina, Diego de Rosales y Benjamín Vicuña Mackenna; es además parte de la tradición de historiadores locales tempranos de la región del Norte Antiguo, mal llamado Norte Chico, tradición representada por Manuel Concha “Crónica de La Serena: desde su Fundación hasta Nuestros Días, 1549-1870” del año 1871 y por el notable libro de José María Sayago “Historia de Copiapó” de 1874, que antecedieron a la obra mayor de Barros Arana “Historia General de Chile” de 1884, donde se asienta el megarelato histórico totalizante de lo que comenzaba a llamarse historia nacional. Nuestro Luis Joaquín Morales es algo más tardío y se declara tributario de esa historia nacional, en especial de Barros Arana, de cuya obra extrae buena parte de la cronología y periodificación narrativa y temporal sobre la cual construye su fenomenal libro.

Como es entonces que, siendo Luis Joaquín Morales tributario confeso de esa historiografía nacional, nos atrevamos a denominarlo padre de nuestra matriohistoria local? Muy simple, dejemos que él mismo nos lo explique en la primera página del prólogo a su obra en comento: “La publicación de esta obrita es un modesto tributo que pagamos a nuestro suelo natal. La historia del Huasco no tiene ningún hecho trascendental que haya influido en la formación de nuestra nacionalidad; así que se reduce a una simple crónica lugareña que podrá tener interés sólo para los huasquinos, a quienes les narra la vida de los lugares donde han nacido, y cuyo recuerdo se guarda siempre con cariñosa solicitud. Es por ello que la dedicamos principalmente a ellos, para que comparen el presente con la vida pasada de este hermoso valle y midan hasta donde pueden llegar en el porvenir”

Don Luis Joaquín se asume a sí mismo como un historiador pequeño, con extrema modestia personal, es el más noble ancestro de nuestra matriohistoria en el sentido de entender que no solo existe UNA historia total, sino que existen muchas historias singulares; en ello vemos ya el germen de las actuales corrientes de investigación y difusión de los incontables pasados locales, si bien Luis Joaquín participa aún de la creencia de que estas pequeñas historias deben inscribirse dentro de la gran historia única, de la que son, en el mejor de los casos, solo insumos particularistas, es por ello que no da aún el paso de independizarse de ese tipo de relato único, interesadamente unitarista.

Don Luis Joaquín, si bien sigue la huella general de Barros Arana, logra, sin embargo, entremezclar sus propias investigaciones, datos reunidos con su propio esfuerzo, agregando comentarios y vivencias personales recogidas en sus años de correrías laborales y existenciales por todos los recovecos del Valle del Río Huasco y sus múltiples prolongaciones, siendo ese, precisamente, su mayor logro desde un punto de vista matriohistórico: hacer emerger en sus páginas al hombre común, local, que se asoma para decir que es un sujeto con potencial histórico concreto, vivo, distinto, único, propio de un espacio y de un tiempo, en constante cambio; en su texto aparecen menciones a indígenas, mineros, agricultores, etc., que opinan, subrepticiamente, de soslayo, al margen del relato integral, aparece con ellos la matriohistoria, nuestra historia matria, de nuestra tierra, la historia de nuestra identidad, aparecen no solo los ciudadanos patricios, aparecen también los sujetos individuales, los pequeños, los innombrados, aparece un Joaco Torres, por ejemplo, indígena de Huasco Bajo, con su pelo largo y moño, que Luis Joaquín conoció en su propia infancia, aparecen también toda una pléyade de autoridades locales, hispanas y patriotas, con sus luces y sombras; Luis Joaquín Morales es por ello nuestro superhéroe histórico local, nuestro juglar del siglo XIX, el padre fundador, el pionero; tanto “Historia del Huasco” (1896-1897), como “Higiene Práctica de los Mineros” (1893) y “Maricán: Drama Histórico en tres Actos”, (1912), merecen ser parte del imaginario colectivo de nuestro valle, son piezas fundacionales, que deberían estar presentes en cualquier biblioteca pública, al alcance de cualquier ojo interesado, impresas y reimpresas como material sagrado, lamentablemente, el acceso a su obra es aún difícil, su difusión es acotada, tal vez por ello es que el plagio infame de que ha sido víctima fue posible y ha permanecido tan impune, elevando a categorías de inmerecido prestigio a otras plumas locales, excelentes copistas, excelsos amanuenses, remedos de historiadores, más próximos a la estafa inicua que al aporte histórico basado en el amor por nuestra tierra y su gente.

Los méritos de “Historia del Huasco” son múltiples, ya que se trata sin lugar a dudas del primer y mejor texto sobre nuestra historia local, un debut que dejó una vara alta, insuperada hasta ahora, ya que su ilustre autor logra hacer coincidir a lo mejor de la tradición historiográfica nacional con sus propias investigaciones, poniendo de relieve la importancia de las fuentes locales, práctica metodológica que el doctor Morales inaugura en nuestro valle, es por ello que logra historiar lo que hasta ese momento era solo relato y memoria oral; consigue reconstruir muy convincentemente nuestro pasado institucional entre los siglos XVIII y XIX, construye una retrospectiva de las historias particulares de los distintos enclaves humanos que conformaron y aún conforman nuestro patrón de asentamiento en el territorio, caracteriza sucintamente el desarrollo productivo agrícola y minero en los distintos pisos ecológicos de todo el valle, y va mas allá, ya que se atreve, incluso, a ensayar algunas tesis sobre nuestro futuro productivo y cultural.

El relato de Luis Joaquín Morales se vale como hemos dicho, principalmente, de Diego Barros Arana y del padre Diego de Rosales para construir la historia de los siglos XVI al XVIII en nuestro valle, en lo relativo a los períodos de la conquista y colonia española, ya que no tuvo otras fuentes a la vista, como “Crónica Copiosa y verdadera de Los reinos de Chile” de Gerónimo de Vivar, rescatada desde los antiguos archivos españoles por José Toribio Medina, pero publicada muy posteriormente, en 1966; tampoco parece haber tenido a la vista otro libro de éste célebre historiador chileno: “Los Aborígenes de Chile”, publicado en 1882, contemporáneo a Luis Joaquín Morales,  texto del que, al parecer, no tuvo conocimiento al momento de escribir su Historia del Huasco, es por ello que las referencias a las etapas más tempranas de nuestra historia local son los aspectos menos desarrollados en Historia del Huasco; en su relato, Luis Joaquín Morales, va mixturando autores nacionales con sus propias investigaciones, con lo cual logra reseñar el desarrollo de los siglos XVIII y XIX, que es donde la matriohistoria surge con mayor fuerza, en razón de la mayor presencia de fuentes locales escritas y de la propia identidad del autor, huasquino profundo y gran conocedor local.

En su libro aparece una buena cantidad de nombre vernáculos, toponimios que hacen referencia a pasados mas antiguos, no explorados por el autor, del mismo modo en sus páginas se puede pesquisar la evolución de los nombres de las actuales ciudades del Huasco, más aún, es el primer texto que hace referencia al origen del nombre de las calles de la ciudad de Vallenar, hallazgo de su propiedad, plagiado y mal plagiado por los autores posteriores. En sus páginas la historia huele a valle, su lectura provoca ideas, genera sensaciones de pasados cercanos, alcanzables, imaginables, vivos, uno logra entender que la mayor parte de las ideas que una persona común de este valle tiene en su cabeza sobre su pasado colectivo, de alguna misteriosa manera, provienen de Luis Joaquín.

Don Luis Joaquin Morales escribe en una época donde otras ciencias sociales aún no se desarrollaban, como la arqueología, que a la sazón se encontraba en una fase pre científica, del mismo modo la propia disciplina histórica aún no había desarrollado líneas como la Etnohistoria o Protohistoria, es por ello que su mirada sobre el pasado y el presente indígena del siglo XIX en el valle del Huasco presenta los sesgos típicos de la postura racionalista-evolutiva Darwinista, es decir, aquella que asume al desarrollo evolutivo de la humanidad como etapas de ascenso continuo y lineal, cuya fase más avanzada sería el hombre moderno, del siglo XIX-XX, superior material, cultural y moralmente al hombre pre-moderno, indígena; ésta mirada, que en Chile tuvo como sus exponentes más notorios a Nicolás Palacios: “Raza Chilena” (1902) y posteriormente dio cabida a textos tan execrables como: “Nuestra Inferioridad Económica” de Francisco Encina (1912), y a pesar de Luis Joaquín pertenecer a la corriente liberal, diametralmente distinta a la de los autores señalados, es también perceptible en los juicios y apreciaciones de índole moral que Luis Joaquín Morales realiza sobre los indígenas del valle del Huasco, a los que, si bien percibe como culturalmente ya desarraigados y con sus sociedades en avanzado proceso de colapso, cataloga con adjetivos que demuestran su mirada de hombre moderno, imbuido del desarrollismo evolucionista tan típico de su época, aquel que centra en el concepto de progreso material y espiritual la meta final de la humanidad, progreso siempre con arreglo a futuro, y como fruto máximo de la racionalidad científica, pero que se promete como una quimera que nunca termina de materializarse, siendo, en su concepto, responsabilidad de los pensamientos y costumbres premodernas, propias de los indígenas y del bajo pueblo, cercanamente emparentado éste con el componente indígena, la dificultad mayor que obstruye su advenimiento. En esto nuestro ilustre autor no logra desarrollar una mirada más comprensiva sobre los indígenas, no puede escapar al sino de su época; sin embargo su mirada sobre poblaciones Changas del Huasco forzadamente sedentarizadas y asumiendo la agricultura como modo de vida tardío junto a la fundación de la Villa de Freirina, es sin duda una idea de gran potencial explicativo, hipótesis histórica que el propio autor lanza y comprueba con la masa documental que da a conocer; lamentablemente dicha postura no goza de gran popularidad actualmente, de seguro debido al desconocimiento masivo que se tiene de este autor y a los apresurados procesos de reconocimiento indígenas que el Estado Chileno ha venido desarrollando en las últimas décadas, sin estudios fiables que acompañen y precisen a esas loables pretensiones.

 

Nuestra matriohistoria local, luego de Luis Joaquín Morales, no logró alcanzar de nuevo niveles de gran brillantez, a excepción quizá de Juan Ramos Alvarez, cuya “Historia del Valle del Huasco” (1948-1949) será también reseñada en nuestra próxima entrega; luego de Luis Joaquín Morales gran parte de la producción historiográfica local ha estado teñida de un tono ramplón, de un localismo estrecho, de una gran pereza investigativa, peor aún, se ha tratado de cronistas locales que han buscado el aplauso y el reconocimiento rápido, más interesados en ensalzar su propia figura, escondiendo para siempre buena parte de las fuentes primarias que lograron reunir (o inventar!), privando a otros de su libre acceso, clausurando puertas, centrados, ellos, en el ego individual, negando así la posibilidad de conocimiento a las nuevas generaciones, de este modo la matria se empobreció, perdió espesor, se transformó en un juego cursi de datos sueltos, tráfico de fuentes nunca suficientemente esclarecidas, búsquedas ciegas de lo pintoresco, anecdótico y del folklore más gazmoño, zancadillas arteras, etc., todo ello muy lejos del luminoso espíritu inicial de nuestro ilustre padre fundador, Don Luis Joaquín Morales Ocaranza.

Ficha Técnica

-Libro: “Historia del Huasco”.

-Autor: Luis Joaquín Morales Ocaranza.

-Primera edición años 1896-1897, Imprenta de la Librería del Mercurio, Valparaíso. -Segunda edición año 1981, Edición Crítica Moderada de Mario Ferreccio Podestá, Universidad de Chile, Sede La Serena.

-¿Donde se puede encontrar?: Biblioteca Pública de Freirina y Biblioteca Pública Complejo Deportivo y Cultural El Algarrobo, Vallenar.

-Precio referencial: Joya Invaluable.

       Franko Urqueta Torrejón, Taller Cultural José Martí, Pueblo Hundido, primavera de 2012. (Noviembre)

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