Los contrastes que vive Freirina tras el cierre de la planta de Agrosuper

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En la pequeña comuna de Freirina todo es paz. La gente camina bajo un fuerte sol, pero el aire que llega desde la costa refresca los días. Es de esos pueblos donde los vecinos se asoman por la ventana cuando llega un forastero. Pero la tranquilidad del valle se acaba cuando se aborda un tema: la paralización indefinida que anunció la empresa Agrosuper, ocurrida en diciembre pasado, tras protestas por los malos olores por la crianza de cerdos. La firma trasladó en marzo pasado a los últimos 9.000 animales que quedaban y el 31 de ese mes dejó de funcionar. Los planteles que alguna vez albergaron hasta 450 mil porcinos, hoy están vacíos.

“Mire, es verdad, había mal olor y muchos se sintieron mal. Pero la empresa mejoró y después la gente igual se tomó la carretera para protestar y ahí la cosa se puso mala. Cerraron los planteles; quedó mucha gente sin trabajo”, se lamenta Nicole Plaza, de 24 años, cuyos padres eran operarios en la planta. “Perdimos la beca de estudios que nos daban, mi mamá debe trabajar en una minera, a dos horas de Vallenar. Hay menos plata en la casa”, dice. La mujer a diario acude a buscar a su hija a la escuela del sector de Nicolasa. El mismo establecimiento donde los profesores y alumnos pegaban estrellas de colores en la puerta de entrada cuando había días con mal olor. Los dibujos fueron eliminados y en el colegio, un profesor comenta que se decidió no hablar más de lo sucedido. “Estamos bien, porque ya no huele a chancho. Era insoportable. Yo mismo me enfermé y mis nietos también por el mal ambiente que había”, dice Julio Reyes, otro apoderado. Sus nietos de cinco y ocho años dicen estar felices porque “ahora el aire está limpio, como siempre fue”.

Maitencillo, otro poblado de Freirina, convive con dos realidades: haber sido el centro de protestas cuando se desató la crisis y también ser el lugar donde habitan familias que tenían su fuente laboral en la compañía. La firma entregaba 450 empleos directos y otros mil puestos indirectos.

Paulina Castillo, quien trabajaba en la inseminación de cerdos en Agrosuper, relata que la mujeres que se desempeñaban como operarias aún no han podido encontrar trabajo. “En la cosecha de olivas el sueldo es de $ 10 mil diarios, mientras que en la empresa se pagaba $ 450 mil por mes y más. Teníamos uniformes, aprendimos un oficio nuevo al manejar animales y nos daban el transporte ¿y ahora qué tenemos? Muchas deudas”. Los comerciantes locales aseguran haber recibido el impacto del cierre de la empresa. Uno de ellos es Jorge Pastén, quien compró dos furgones para el transporte del personal hacia la planta de cerdos. “Tengo los autos parados. Pensé que podía surgir como contratista, pero acá la gente se opone al desarrollo”, se lamenta.

La planta

Los vecinos afirman que en el pueblo hay división tras la paralización de las faenas. Muchos tienen algún pariente o amigo en la empresa. Otros freirinenses dicen que dejaron de hablar con algunas personas tras el conflicto.

Paulina Castillo responsabiliza lo ocurrido en la comuna a Yahir Rojas, profesor de Historia de la escuela Alejandro Noemí, líder de las movilizaciones y quien quedó en estado grave tras un enfrentamiento con guardias de la firma en las protestas.

El joven niega que el cierre haya causado impacto en la comuna: “Siempre dijimos que por un puñado de trabajos, jamás nos íbamos a arrodillar frente a la empresa”. Y luego aclara: “Si el empleo es un problema, Freirina sabrá sobrevivir”.

Cuenta que hay preocupación, porque hace algunas semanas la organización ambientalista “Freirina Consciente” ha realizado visitas para supervisar las condiciones en que quedaron los planteles en las últimas semanas. Las instalaciones de Agrosuper parecen una industria fantasma. Sólo quedan unos pocos guardias de seguridad y electricistas que realizan mantenciones. Donde antes habían altos decibeles por el ruido emitido por los chanchos, hoy predomina el silencio. Y lo que constituyó alguna vez la mayor fuente de olor para la zona como es la planta de tratamiento de purines (excremento) de los cerdos, tampoco está funcionando.

Los ambientalistas sostienen que las fosas donde se depositaban los cerdos muertos están abiertas y sin impermeabilizar, por lo que temen por la posible contaminación. Sin embargo, los depósitos hoy se aprecian cerrados y otros tantos sin ocupar.

Que una firma de estas proporciones esté paralizada genera inquietud entre los comerciantes. Javier Contreras, del minimarket San Expedito, señala que “formó un pequeño negocio de arriendo de dormitorios a empleados de Agrosuper, el que se redujo al mínimo”.

Elena Aguirre, quien vive junto al Río Huasco, dice tener visiones encontradas sobre lo que pasó con la salida de los animales: “Acá no hay opciones laborales para las mujeres, porque todo tiene que ver con la minería”. Agrega que mucha gente en el pueblo “quería que Agrosuper mejorara, que no tuviera olores, pero la gente se da cuenta ahora de que, finalmente, no hay trabajo”.

 

 

Fuente: La Tercera

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