Los Mineros de Carrizal Alto y Luis Joaquín Morales.

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8. Hijiene Práctica Carrizal Alto

En esta octava entrega trataremos de un libro-joya, de esos que por ser tan únicos le dan sentido y profundidad a la palabra patrimonio; nos referimos a: “Hijiene Práctica de los Mineros”, si, amable lector, Higiene con “J”, como se estilaba en esa época, en el año 1893, cuando fue escrito, en el Mineral de Carrizal Alto por el famoso medico-cirujano Huasquino, don Luis Joaquín Morales Ocaranza; este libro-joya no es posible de hallar hoy en día en ninguna de las bibliotecas de nuestra región, sólo se encuentra en la Biblioteca Nacional, donde un ejemplar solitario palpita con lo mejor de nuestra historia dentro, a salvo, bajo tres pisos de duro y protector concreto, hasta que mejores días iluminen a los hombres que decidan reimprimirlo y traerlo de vuelta al Huasco Profundo, donde fue dado a luz.

En esta misma página le dedicamos ya una reseña completa a don Luis Joaquín Morales, por su monumental libro: “Historia del Huasco”, de 1896-1897, donde lo declaramos como el verdadero padre de nuestra matria huasquina amada; don Joaquín, como le gustaba que lo llamaran, es para nosotros el paladín máximo de este espacio geográfico, poético, ambiental, histórico e imaginario que llamamos “Huasco”, por ello lo consideramos como la figura más importante del Huasco nacida en el siglo XIX.

En esa reseña anterior ya poníamos de relieve que Luis Joaquín Morales poseía, en comparación a otros autores posteriores, una mirada mucho más amplia, inclusiva, sobre lo que es el Huasco, mirada a la que nosotros adscribimos totalmente hoy en día: él comprendía que el Huasco es un mosaico humano que no se reduce a las comunas, ni a la actual provincia, sino que hunde sus raíces profundas en todas las vinculaciones y redes tejidas de los siglos previos, que abarcaron un espacio geográfico y social más extenso; no solo orientado cordillera-mar, como parece ser la lógica predominante ahora, sino que también vertido hacia los interfluvios Copiapó por el norte y Elqui por el Sur, donde existían un abigarrado tejido social íntimamente vinculado al Huasco, por lazos parentales y productivos, que conformaron un imaginario cultural propio, una identidad, un Ser Huasquino, un sentido de pertenencia, que hoy parece segmentarse en mini comunas, autárquicas, autorreferentes, ensimismadas, ombligístas, mini reinos regidos por mini reyes y sus lógicas primarias, que confunden lo local con un localismo estrecho, excluyente, discriminador y vacio.

Don Luis Joaquín Morales es un hombre del siglo XIX, cuando el Huasco conformaba la porción sur de la antigua Provincia de Atacama, con sus Departamentos de Freirina y Vallenar; en su libro ya citado y reseñado “Historia del Huasco”, levanta su maravilloso registro de toda esa variabilidad humana con que nuestros ancestros habitaron por siglos éstas tierras resecas, de norte a sur y de este a oeste, es por ello el primer y único historiador que estuvo a la altura del desafío; todos los demás, no fueron capaces posteriormente de seguir su ejemplo, y terminaron escribiendo historias centradas solo en las capitales de las actuales comunas, segmentando torpemente lo que nació amplio, no porque hicieran referencia a una realidad histórica distinta, que justificara tal cercenamiento, sino que debido a su propia incapacidad de dar cuenta de una identidad diversificada, pero común: la nuestra; prefirieron ser cronistas de comunas, ser el primero de su clase, de su barrio; de tanto plagiar a hurtadillas a don Luis Joaquín Morales terminaron, paradójicamente, por olvidar la lección del maestro, quizás nunca la comprendieron, vaya uno a saber…

Don Luis Joaquín Morales, vivió por 7 años en el Mineral de Carrizal Alto, ejerciendo su profesión de médico, obtenida en la Universidad de Chile; estando allí y tres años antes de publicar su libro fundacional de nuestra identidad “Historia del Huasco”, publica “Hijiene Práctica de Los Mineros”, en 1893, que es lo que trataremos ahora con algún detalle, es notorio que éste libro fue la antesala de un proyecto más ambicioso, como lo fue su libro mayor de 1896-1897.

Don Joaquín, escribe un texto que tiene variadas ópticas posibles; en primer lugar pretende escribir un libro de utilidad práctica, pública, una suerte de manual de higiene para los mineros de Carrizal Alto, en un lenguaje sencillo para que sea comprendido fácilmente por ellos mismos, sus vecinos mineros, que como nos contará él mismo más tarde en su obra magna, ascendían a varios miles, cuando Carrizal Alto era un mineral boyante y populoso; es por ello un texto que se puede considerar temprano en lo que se llamó después la Medicina Social, cuando el noble oficio de Hipócrates no era aún tomado por asalto por los mercaderes del Templo, actuales e inmisericordes dueños de la vida y la muerte según tarifa variable; recordemos que recién en el año 1884, cuando Orrego Luco publica en Chile “La Cuestión Social”, llamando la atención sobre la desmedrada situación en que se encontraba la población frente al proceso de industrialización que vivía el país, es cuando el Estado recién comienza a hacerse cargo de la implementación de políticas públicas orientadas a la prevención sanitaria, hasta antes que eso, el tema era obviado o ejecutado directa y discrecionalmente por los particulares, dueños de minerales, como en nuestro caso de Carrizal Alto y sus dueños; la medicina social se desarrolla de manera más consistente recién en el siglo XX, fruto de la presión de los movimientos obreros del norte y del sur, así como por el descontento generalizado en las poblaciones urbanas más numerosas del centro del país; recordemos, a la sazón, que el primer Código Sanitario en Chile data de 1918 y el muy discutido y luchado Seguro Obrero recién fue promulgado recién en 1924; por lo que nuestro increíble Luis Joaquín Morales es un pionero también de lo que hoy entendemos como Medicina Social, y en Carrizal Alto, en nuestro Huasco Profundo.

Este paladín admirado nos esboza un cuadro Estadístico muy sombrío, fruto de un registro riguroso de un lapso de un año y medio de duración en el ejercicio de su profesión en el Hospital y Dispensería de Carrizal Alto, donde determina las enfermedades de mayor prevalencia que atacaban a los mineros y sus familias, dentro y fuera de la mina, en ese registro valiosísimo enumera 2.553 enfermos, cifra en que se incluyen también a mujeres y niños, a partir de dicha estadística va asociando esas enfermedades a sus respectivas causas, relacionadas principalmente a las pesadas actividades que debían ejercen los mineros en sus labores y al modo de vida poco higiénico con que los hombres del desierto llevaban su existencia.

El Doctor Morales plantea la gran presencia de enfermedades relacionadas al sistema respiratorio que aquejaban a los mineros de Carrizal Alto, predominando la bronquitis crónica, la tísis pulmonar y la neumonía principalmente; además de muchas otras, tales como enfermedades digestivas, reumatismo, enfermedades oculares, del oído, cardiacas, venéreas,  cólera, sarampión, y un muy interesante y pormenorizado etcétera.

Don Luis Joaquín Morales dedica toda la primera parte de su libro, que titula Hijiene de las enfermedades, sub dividida en 6 capítulos, a describir el origen y desarrollo de las enfermedades en el individuo, y las medidas higiénicas que deben adoptarse para su prevención y/o curación parcial o definitiva, considerando un capítulo completo dedicado a las mujeres que vivían en Carrizal Alto atendiéndose en ese Hospital, donde concluye que las enfermedades que más comúnmente las afectaban eran la metritis y la anemia; y otro capítulo dedicado a los niños y sus enfermedades más recurrentes como el cólera infantil y la bronquitis pulmonar; aquí el doctor Morales demuestra todo su actualizado conocimiento y dominio de su profesión.

La segunda parte del libro, que titula Hijiene en Jeneral, es a mi juicio más interesante aún, ya que sale de su rol de médico de Hospital y entra en la dinámica cultural que genera las enfermedades, ésta segunda parte está subdividida en 15 capítulos; Habitaciones: referido a el tipo de vivienda utilizado por los mineros de Carrizal Alto y sus implicancias en su propio estado de salud; Alimentación: nos alumbra sobre el tipo de dieta y costumbres alimentarias de sus pacientes; Bebidas: aquí nos da luces sobre las preferencias de los mineros, con énfasis en los alcoholes preferidos y sus consecuencias esperables; Vestidos: nos escribe la indumentaria usual de los mineros y sus recomendaciones para que su vestimenta no facilite el desarrollo de enfermedades, sugiriendo algunos cambios en ella; Aseo: referido a la asepsia personal; Hábitos: se centra en los vicios más comunes de los mineros;  Trabajos: describe las condiciones ambientales en que se ejecutan los trabajos en las minas, casi siempre signados por la humedad y la falta de ventilación; Fundición: se refiere a aquellos obreros que trabajaban específicamente en la antigua Fundición de Carrizal Alto y las enfermedades que con mayor frecuencia manifestaban; Policía Sanitaria: Referido a la dictación de códigos o reglamentos sanitarios y su cumplimiento por parte de particulares, dueños privados del mineral, ante la ausencia del Estado, como lo anotamos antes; Letrinas: comunitarias e individuales, aconsejando su uso y su mejor ubicación desde un punto de vista sanitario con respecto al resto de la población; Mataderos y Muladares: también se centra especialmente en su correcta ubicación; Hospitales y Lazaretos: aconsejando la instalación perentoria de los primeros en todos los minerales, y de los segundos en todos los casos de epidemias declaradas, como el cólera y la viruela; además de establecer algunos parámetros constructivos de mayor dignidad para el enfermo; Cementerios: referido a su más aconsejable ubicación espacial, además de consejos prácticos para casos de exhumaciones de cuerpos; Epidemias: Explica sus causas, consecuencias y la importancia de las cuarentenas y los cordones sanitarios de resguardo y finalmente, Vacuna: sobre la necesidad del uso de éste método preventivo, que en su época estaba en proceso de masificación. En ésta segunda parte de su libro el doctor Morales ya no es solo un médico, demuestra que era además un profundo conocedor del modo de vida que llevaban los mineros en aquel entonces, del cual fue partícipe y atento testigo.

El libro de Luis Joaquín Morales, por si fuera poco, contiene además un Apéndice llamado Hijiene de la Infancia, donde trata el tristísimo tema de la mortalidad infantil, nos dice al respecto: “Según una Estadística que tenemos a la vista y que corresponde al año 1888, en Carrizal Alto hubo 175 nacimientos por 150 defunciones en dicho año, contándose entre estas últimas 88 párvulos, es decir, el 60% del total de muertos”. Luego de estos datos demoledores, don Luis Joaquín Morales acomete la tarea de recomendar cuales son los cuidados que se les debe dispensar a los niños para disminuir su catastrófica mortalidad, en ello hace hincapié especialmente en la alimentación, la vestimenta y las medicinas más adecuadas.

El libro de Luis Joaquín Morales está lejos de ser un manual solo referido a Carrizal Alto, ya que dispensa consejos y recomendaciones que aspiran a ser generales, de aplicabilidad concreta en todos los muchos minerales que existían en aquella época y que mostraban un carácter muy similar de abandono e insalubridad espantosos, ante la negligencia de un Estado regulador y la acción nula de los dueños de los minerales; es por ello que nuestro superhéroe huasquino plantea la necesidad de contar con una Junta Higiénica, que se encargue de estos urgentes temas; pero no se conforma con ello, ya que también es consciente de que los propios mineros deben cambiar algunos de sus patrones culturalmente arraigados, para lograr así una mejor condición de vida en lo referido a su propia salud.

Higiene Práctica de Los Mineros es un libro que indaga profundamente en la vida de los mineros de Carrizal Alto, lo que es extensible a toda una época de desarrollo minero en el Huasco, que coincide con la introducción de los hornos de reverbero, que revitalizarían la actividad; el libro está lleno de comentarios descriptivos sobre la vida de los mineros huasquinos del siglo XIX, su idiosincrasia, su visión aventurera del mundo, su franciscana existencia condimentada con una libertad de movimientos que lo hacían un tipo humano impredecible, andariego, fiestero, derrochador, esforzado, fumador, en síntesis: multifacético;  el libro de Luis Joaquín Morales contiene además algunas de las palabras usadas por los mineros, que el autor recoge y usa como sinónimos vernáculos de las enfermedades o sus causas, entendiendo que es la forma más confiable de ser comprendido, vale la pena el riesgo de sacrificar la rigurosidad conceptual médica si se gana la comprensión de los mineros de su época, sus pacientes, sus  vecinos, tal vez sus amigos; logra así su objetivo y además nos legó un diccionario de palabras y jergas mineras que en su mayoría aún siguen en uso en los pequeños pirquineros de nuestra zona: soroche, barreteros, boteros, apires, galleros, golpe al pecho, ramalazo, humazo, corrimiento, mal de ijada, zafadura, aliñadores, garabatillo, culero, matar el gusano, mallorca, quebrar el empacho, estar apensionado, mal de ojo, el daño, el antojo, entre muchas otras.

Luis Joaquín Morales fue un hombre moderno, que habitó el siglo XIX, con moderno queremos decir que aspiraba a los ideales de la modernidad: libertad, igualdad y justicia, tenía una mirada optimista del futuro, su militancia en el Partido Radical, en una época en que ese partido era masivo y reunía a lo mejor de la intelectualidad progresista de Chile , es prueba de aquello; sin embargo su texto de 1893, donde auguraba un mejor destino para los pobres del Huasco en materia de acceso a mejores condiciones de salubridad, no tuvo al parecer gran eco, ni en los particulares ni en el Estado, prueba de ello es la epidemia de viruela, otra más, que azotó a nuestra zona en 1921, donde de nuevo los pobres de siempre debieron recurrir a los lazaretos que se instalaron en las afueras de la ciudad, donde morían en mayor proporción, con cuidados mínimos en comparación a los recibidos por otros en el Hospital, debido a que no podían pagar una mejor atención; la prevención no fue una prioridad, como nos cuentan otros libros de historia local, como “Historia del Valle del Huasco”, de Juan Ramos Álvarez de 1948-1949.

Carrizal Alto fue en sus inicios lo que se llama una Placilla, en el sentido histórico-minero del concepto, es decir, una cuasi ciudadela precaria instalada cerca o sobre un mineral privado, con toda una alegre red humana asociada, yendo y viniendo desde y hacia a él, muy asociada a Freirina y Vallenar, pero no dependiente de estas ciudades; todo muy anterior y distinto a la tipología sociohistórica del company town británico de Potrerillos-Mina Vieja de 1917 por ejemplo, o de Chuquicamata y Sewell, o sus variantes chilensis menos glamorosas como Paipote en 1952, menos aún se asemejaba a la aparición de los capitales norteamericanos que desplazaron a los ingleses en la segunda mitad del siglo XX, creando, por ejemplo, asentamientos como el Campamento de El Salvador, de 1960. Carrizal Alto, en cambio, era una Placilla que luego fue un pueblo y hasta llegó a ser comuna del departamento de Freirina, tal era su vitalidad.

Carrizal Alto tuvo su iglesia, supo de diversión y precariedad, contó con una escuela fundada por don Bruno Zavala, tuvo su propia prensa escrita, como “El Proletario” en una fecha tan temprana como 1869, “El Republicano” de 1902, “La Verdad” de 1906; tuvo su tren, ya en 1864, primero como maderocarril, que unió Carrizal Alto con Canto del Agua y con Carrizal Bajo; fue visitada por la Revolución Constituyente de 1856, donde los mineros Carrizalinos se sumaron a las fuerzas de Pedro León Gallo y tomaron Freirina y siguieron camino hacia Vallenar, donde el Coronel Manuel Antonio Fáez, defensor de la ciudad (cuyo apellido da nombre a nuestra actual calle), no pudo hacer nada para detener al empuje de los mineros carrizalinos alzados en armas.

Si uno hoy camina por Carrizal Alto, difícilmente puede reconocer que allí hubo tanta actividad humana, lo primero que saltará a la vista es el tremendo daño ambienta que sufrió, con toneladas de escoria tiradas a cielo abierto como recuerdo eterno de su febril pasado; se verán remedos de cimientos que podrán dar débiles indicios de anteriores presencias humanas masivas, solo su gran cementerio nos hablará de una antigua población numerosa, campo santo profanado y execrado con saña por la estupidez imperdonable de muchos; solo se conservan algunos billetes antiguos; a veces, con la luz de la tarde, se puede distinguir, como una huella en terraplén, vestigios de la trocha de su otrora orgulloso tren, por aquí y por allá un puñado de fotos de época, ajadas y desperdigadas en distintas manos, imágenes preciosas y escasas.

Caminando por Carrizal Alto no pude menos que pensar en que lo más valioso que de allí salió fue el libro de Luis Joaquín Morales, que resistió al gigante del tiempo, que conservó la mirada de un testigo de primera mano, excepcional, que vio lo que los demás no ven: a las personas, a los mineros de carne y hueso, sus mujeres, sus hijos desnutridos, no meros datos estadísticos de producción mineras anuales y sus pingües ganancias privadas, de esos que tanto alegran a nuestros historiadores locales, y que solo sirven para cuantificar el enriquecimiento de unos pocos, que no dejaron nada, solo sus marcas de apresurada rapiña; el doctor Morales nos dejó a todos, en cambio, un pequeño regalo que nos permite conocer y recordar a los miles de anónimos, a los pequeños, a los sin rostro que vivieron en ese lugar, cuyas plantas ya caminan sobre otros suelos menos duros.

 

Dedicado a don Jorge Zambra Contreras, quién inspiró algunas de estas reflexiones, Superhéroe actual de la cultura del Huasco e incansable investigador de la figura de don Luis Joaquín Morales.

Ficha Técnica.

-Libro: “Hijiene Práctica de los Mineros”.

-Autor: Luis Joaquín Morales Ocaranza.

-Primera edición 1893, Imprenta de la Librería del Mercurio, Valparaíso.

-¿Donde se puede encontrar?: Biblioteca Nacional, Santiago de Chile.

-Precio referencial: Joya Invaluable.

Franko Urqueta Torrejón, Taller Cultural José Martí, Pueblo Hundido, otoño de 2013.

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