Nicolás Naranjo, la Permanencia de un Gesto

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Jorge eduardo Zambra

En nuestro afán de rescatar la cultura, el patrimonio, la identidad local, es que entregamos a ustedes el último relato realizado en público por el historiador y encargado del Museo Provncial del Huasco, Jorge Zambra, sobre Nicolás Naranjo Palacios, figura importante para la comuna de Vallenar y la provincia.

Zambra entregó su relato en el marco de la celebración del día del patrimonio en el Hospital Provincial, dado que fue invitado a la colocación de una placa recordatoria en el óleo que se ubica en el recinto médico.

He aquí, la trascricpión completa.

Jorge Zambra Contreras: Señor Director, autoridades del establecimiento, otros funcionarios, representantes de instituciones, Damas de Rojo, Departamento de Cultura de la Municipalidad, vecinos, amigos, me pregunto ¿cuántos serán o habrán sido los funcionarios del hospital desde que existe una entidad de ésta naturaleza?, ¿cuántos pacientes, en las distintas etapas del hospital, cuántos proveedores, cuántos operarios que participaron en la construcción de los distintos centros?, Pues bien, en ese total que ignoro a cuanto alcanza en personas, hay uno que es quién ha marcado de manera más profunda la historia del hospital en el que hoy día nos encontramos, cuando hacemos ésta distinción singular, cuando ya hacemos una diferencia respecto de todos los demás, estamos señalando una característica que tiene que ver con la leyenda, cuando el personajes escapa a los datos específicos, objetivos, decimos que entra en el terreno de la leyenda y él es un personaje legendario, la leyenda contiene la verdad a pesar del contorno fantasioso que suele rodearla, esa verdad cuenta con el agregado que el pueblo a través de sus voces, a través del tiempo, va adicionándole con la inventiva de su fantasía, pero el pueblo, que en muchas de sus manifestaciones es sabio, lo es en ésta, porque tiene la percepción exacta, realmente exacta, pero de manera poética podríamos decir, de quién se trata en éste caso, éste personaje, que tiene particularidades tan especiales, como para que lo conozcamos un poco mejor, como para que no nos conformemos con que esté solo su retrato ahí, y demos éste paso de identificarlo para la comunidad, algo demasiado importante, porque éste es un héroe de la comunidad, leyendario, pues bien, y qué es un personaje de ésta índole?, como aparece?, Don Nicolás Naranjo Palacios es integrante de una familia muy tradicional de La Serena, una familia gestora, de gran coraje, de grandes emprendedores, de tipos incluso aventureros y también de mujeres bellas y delicadas, ese precioso contraste que es tan típico del siglo XIX, pues bien, ya él como personajes legendario, tiene un antepasado especial, que lo quiero citar hoy día aquí, otro Nicolás, pero bastante anterior a él, protagonista de una historia de misterio y poesía que se llama El Derrotero de Naranjo, que es la noticia misteriosa de una gran riqueza, que nunca llegó a ser de nadie más que de él y originalmente del indígena, que por el buen trato recibido de éste personaje le regaló esa noticia, pues bien, nacido en La Serena, en 1826, son los datos más coincidentes, hay otras versiones, y vámonos inmediatamente, saltémonos su infancia, de la que tenemos pocas noticias, a su paso por un establecimiento de La Serena, el más importante de Chile y de Sudamérica en su tiempo, importante porque tiene a un maestro sobresaliente, hoy día que estamos en el debate educacional, porque no quisiera que estás palabras estuvieran ajenas a la contingencia actual, porque él es un personaje actual además de histórico, hoy día que estamos en la contingencia de la calidad de la educación, en que escuchamos hablar a diario en cómo conseguir la calidad en la educación, cuál colegio tiene calidad y cuál no, pues bien, La Serena tuvo en su momento al colegio de mayor calidad en Sudamérica para la formación de especialistas en mineralogía, y eso porque tuvieron un maestro allí, un sabio polaco que el gobierno de Chile en buena hora contrató, éste hombre especialísimo también, Don Ignacio Domeyko, primer rector de la Universidad de Chile, creador de una familia chilena, su casa todavía se conserva en Santiago, es un patrimonio nacional por supuesto, pues bien, en ésta discusión por la calidad, yo siempre vengo diciendo y me afirmo un poco en los ejemplos de don Nicolás y de don Ignacio Domeyko, ojo, que para mí el dato más potente está en el maestro o en los maestros, es verdad lo de la infraestructura, la dotación tecnológica, el colegio mismo, pero, apuntemos más, es mi punto de vista, apuntemos un poco más por el director del colegio, que a veces no lo tocamos, decimos la vieja, por la profesora tal, el viejo tal, y rezongamos, pero nadie o casi nadie toca al director, que es la autoridad del colegio, el que marca el rumbo, pero quién realmente acapara nuestro interés por lo que puede hacer, en cuanto a poner su sello en sus discípulos es el profesor, que en un grado superior, lo vamos a llamar el maestro, que no forma alumnos, sino discípulos, y ese es don Ignacio Domeyko en el caso de nuestro Nicolás Naranjo, obviamente resultó al final de sus estudios un experto en mineralogía, un hombre capacitadísimo en materia de mensuras mineras, todo el mundo de la minería lo conocía a él con ese maestro que tuvo, por razones de su incorporación al mundo del trabajo, tuvo que venir a Atacama, pasó de largo incluso a Copiapó, casi se nos queda en Copiapó, nuestra capital regional actual, pero por otras razones ya de su trabajo, tercer buen ejemplo de una poderosa entidad e industrial de la época, Urmeneta y Errázuriz, por dar todos los apellidos, de la aristocracia con gran potencia económica, bueno, agente de esa empresa empieza a aparecernos, don Nicolás, lejos de Vallenar, allá en el extremo sur poniente del antiguo Departamento de Freirina, allá por Puerto de Sarco, las minas de Labrar, Quebradita, haciendo negocio y emprendiendo tareas increíbles para su tiempo, unir, ejemplo, el centro minero de Labrar con el Puerto de El Sarco por un camino-carril, por allá por 1865, por favor!, con qué medios, como se las arregló!, como se atrevió a ese tremendo desafío!, si hoy día con todos las comodidades nos parece lejísimo, peligroso, por las cuestas que hay que superar, incluso nosotros no hemos podido ir a Labrar, pese a que habíamos propuesto la idea, por favor no lo hago como protesta, sino que sólo lo señalo nada más, vamos a Labrar y a Peña Blanca hemos propuesto, todavía no podemos, no sabemos en qué estado está el camino, no hemos ido a verlo, pero éste varón había construido un madero-carril, vale decir un camino rielado para unir Labrar y Sarco, en 1865, yo no puedo más que comenzar a asombrarme, porque esto es lo que pasa con éste personaje, por eso comienza la leyenda, porque va más allá de lo que uno buenamente puede pensar, y se aventura con él a cosas increíbles, a tareas gigantescas para ese tiempo, para los medios de entonces, para la tecnología de esa época, pues bien, se va aquerenciando con el Huasco y empieza a tener negocios mineros en los que sabía muy bien desenvolverse, por su conocimiento como especialista, pero también como un muy buen negociador, tenía ésta otra habilidad, entonces lo vemos aparecer ya y asentarse en los sectores de Quebradita, Labrar, Peña Blanca, El Sarco, pero también en Jarillas, aquí a más de 80 kilómetros al norte, en Agua Amarga a unos 35 kilómetros al sur de aquí, en el Rincón de Arenillas, aquí cerca del camino que nos une con Freirina, en El Zapallo, al sur de Vallenar, donde compra una mina de oro, la pone en actividad y crea incluso una fundición, y sobre todo en el grupo, me encanta llamarlas grupo, en el grupo de minas de Tunas, al sur de Agua Amarga, un poco al norte de Domeyko, al noreste de Domeyko, e inaugura la primera de esas minas compradas en Tunas con el nombre de su maestro, yo no sé si existen razones virtuales en que creer, pero esa mina le da un éxito económico increíble, la mina Domeyko de plata francamente lo convierte en un hombre de fortuna, y las otras minas no hacen más que complementar una riqueza de tal magnitud, que se convierte en uno de los principales magnates de Chile, por eso es que también es un personaje nacional, y ya voy a decir por qué otras razones, porque además entra al campo de la agricultura, es dueño de la Hacienda El Maitén, que contiene varios fundos, Hacienda El Maitén, con un historial interesantísimo, fue de los Jesuítas, con ese solo dato uno ya se pregunta, qué habrá pasado ahí?, que harían los jesuitas ahí? En qué trabajarían?, pensando en lo muy positivo de esa orden religiosa, que era una orden que enseñaba al pueblo a trabajar, aquí muy cerca de Vallenar el Fundo Recreo era de él, Fundo El Jilguero era de él, pero también a qué hora se daba tiempo éste señor para todas éstas cosas, un Vicuña Mackenna, un tipo de hombre que uno se pregunta a qué hora comía, a qué hora dormía, a qué hora hacía vida familiar, también tenía negocios en el exterior de La Recova vallenarina, tenía negocio de vinos en Vallenar, tenía varias propiedades en Vallenar, obviamente tenía que quedarse en Vallenar, y se instaló con su casa en Prat esquina Santiago, en una construcción anterior al tradicional local de los billares que estaban hasta el año pasado en la esquina de Prat con Santiago, e hizo construir una casa que seguramente le traía el recuerdo de La Serena, una casa con tejas, neocolonial, que se conservó hasta 1922, cuando el terremoto la derribó, por desgracia, porque nos borró un testimonio extraordinario, no solamente porque él había habitado esa casa colonial, sino porque era un testimonio arquitectónico de época muy interesante, pues bien, el hombre convertido en un magnate debido a su increíble capacidad de trabajo, un hombre de carácter, por supuesto, ningún hombre blando podría haber llegado tan lejos, aunque yo digo que la dulzura es una fuerza, se lo digo a algunas amiga mías, la dulzura no es una debilidad, pero no la sabemos entender, ese es el problema, la dulzura es una fuerza tan fuerte como la del carácter, que tiene que ser duro para que se carácter?, no, también la dulzura, se lo he dicho a una profesora muy competente del liceo politécnico que tiene un modo muy particular de tratar a los niños, y un día cuando se lo hice notar me dijo: pero también sé enojarme, pero no se trata de eso necesariamente, es que la dulzura puede más porque es fuerte también, tenemos que concebirla como una fuerza, capaz de ser tan alta y tan potente como aquella que se manifiesta con el reto, con la orden perentoria, con el enojo, no?, puede también la otra, pues bien, pero él, seguramente, porque ésta otra solución no se entendía y creo que todavía no se entiende, usó el carácter, era un hombre de carácter, no había otra forma de salir adelante, imagínense que a veces tenía que enfrentar situaciones de trabajo de una complejidad muy grande para ese entonces, conflictos con los trabajadores, débiles como nuestro pueblo, más notorio ahora, por el alcohol, por el desorden laboral, porque no había todavía normas que regularan ésta actividad, pues bien: Qué es un Hospital?, es sin duda el principal referente del dolor, de la esperanza del sanar, de recuperar la salud, de la alegría de recuperarla, de la pena o la sombra de perder queridos amigos, familiares muy amados, pero también era vida, ningún otro lugar del mundo encierra estas potencialidades que son ni más ni menos que las aristas que muestra la vida propiamente, pero concentradas en un establecimiento, para la época de don Nicolás existía un modesto hospital, en la parte extrema sur de la calle hoy día verdaguer, muy cerca de donde está la gruta, muy cerca de donde hubo una chimenea de fundición de cobre, aquí en Vallenar, ahí estaba el pequeño Hospital de Caridad San Juan de Dios, ya estaba en funciones de antes de 1850, que para nosotros es una fecha muy distante, para nosotros, para la edad de la ciudad de Vallenar, pues bien, cuál fue el historial de este pequeño establecimiento?, que tenía dos pabellones podríamos decir, pabellón es mucho decir, tenía dos grupos de piececitas, para poner enfermos varones y en otro mujeres, hospital de caridad, hospital para pobres, hospital para menesterosos, porque lo demás, la gente de clase media o los pudientes, porque aquí nunca tuvimos aristocracia, se atendían en su casa; cuál fue la realidad de ese pequeño hospital?, qué por ironía estaba a mitad de camino entre la ciudad pequeña de entonces y el cementerio, cuál fue su realidad diaria?, la falta de recursos, la falta de dinero, no era suficiente lo que le aportaba el Estado, no era suficiente lo que podía aportarle la Municipalidad de Vallenar, y entonces había que recurrir al aporte de los particulares, de los vecinos, que también estaban en un nivel de economía nada boyante, si el mejor Chile económico es el que estamos viviendo nosotros, para que le enseñemos a los niños y a los jóvenes para que sean conscientes de esto, ya nuestros padres lo pasaron mal, nuestros abuelos para qué les cuento, y si nos vamos más atrás las pellejerías chilenas son de nunca acabar, en ese panorama económico está inserto ese pequeño y nostálgico Hospital San Juan de Dios, la noticia, claro, por mucho que se moviera don Nicolás Naranjo en sus negocios, que no sé cómo se las arreglaba, realmente todavía trato de explicármelo, para moverse, si a nosotros nos cuesta muchísimo salir a una excursión hasta por ahí no más y estamos cansados, llegaban las noticias de éstas carencias, pero como se sabía que él tenía recursos, “don Nicolás necesitamos ayuda, no sé si podría aportarnos algo”, en fin, y así estarían llegando las peticiones, las solicitudes, él nunca lo dijo, nunca lo propaló, porque era un hombre íntegro, no era hombre que estuviera propalando sus intensiones, pero fue seguramente madurando la idea, hasta que un día en uno de éstos negocios a los cuales él estaba habituado y era hábil, se encontró con un señor, un vecino, su nombre lo recordamos sólo porque tomó contacto con él: José Martín De Lasaldevea, y le dijo “Bueno, usted tiene en venta un terreno, se lo compro”, llegaron a acuerdo y en el curso del mes de julio de 1878 le compró la manzana comprendida entre las calles: Merced, Talca, Marañón y una calle que pasaba al pie del cerro, que hoy día está desaparecida, había una calle, callecita o callejón que permitía formar la manzana completa, compró todo lo que había en ella, vale decir, una casa con terreno, no regaló el hospital, sino que obsequió ésta propiedad sobre la marcha, en el mismo acto de compra, la destinó al Hospital San Juan de Dios, al hospital de la ciudad, para que posteriormente pudiera trasladarse a ella, pues bien, eso se cumplió a las pocas semanas, el traslado desde el modesto local allá arriba de camino al cementerio, a éste otro local que era tan holgado, que tenía terrenos como para poder tener una producción hortícola y frutícola, podía por ejemplo tener perfectamente un parronal, que los había en ese tiempo en Vallenar, dentro de Vallenar, pues bien, el hombre provocó un impacto grandísimo en la gente que entendió, porque no todos necesariamente todos entendieron o estuvieron al día respecto de esto que había ocurrido, pero si las autoridades superiores se dieron cuenta, el intendente de la época lo mandó a felicitar en forma muy sobria, muy estilo siglo XIX chileno y lo manda a felicitar y reconocer, es más, al año siguiente don Nicolás es Director del Hospital, Director!, Director Administrador diríamos mejor, porque no era médico, pero ya el año 1884, a pesar de que él había aportado éste capital en obsequio, ya en las noticias del año 1884, se ve que el hospital solamente puede el hospital en las condiciones que está sólo puede atender 12 enfermos gratis, el año siguiente, en 1885, incluso el propio don Nicolás se suma a otros vecinos, pudientes también, para pedirle al Gobierno si puede ayudarlos, seguir ayudando al hospital porque lo necesitaba, no había forma de hacerlo funcionar adecuadamente, pues bien, éstas pellejerías continuaron, incluso hasta mucho después, porque nunca se asumió la total responsabilidad de un establecimiento de ésta índole, cuando en todo Chile las cosas estaban estrechas, bueno, al final, en ese proceso, el hospital pasa a depender de la Junta de Beneficencia, que es el antecesor del Servicio de Salud, y eso andará siempre a medias, el propio hijo de don Nicolás, Roberto Naranjo Ossa, que es médico, también aporta siendo Director del establecimiento, trabaja otro hombre en el Hospital que es para mí la figura más querida de Vallenar del siglo XIX, que es el doctor Luis Joaquín Morales Ocaranza, también trabaja en el hospital, y trabajan ya en el siglo XX esas cuatro monitas argentinas que lo hacían sin sueldo, entre ellas María Crescencia Pérez, a quien tenemos en la memoria, el hospital nunca superó la etapa del siglo XIX de sus falencias económicas, pero el obsequio de don Nicolás fue un impacto que fue ganando perfil a medida que fueron pasando los años. Qué es ser rico?, es vivir un mundo que no es el nuestro, sabemos de gente que por diversos motivos, legítimos, que no pondremos en duda, llegan a ser muy afortunados, con muchos recursos, beneficiarios de utilidades magníficas de algunas entidades, pero quienes son los ricos? Son gente de otro mundo para nosotros, que somos trabajadores a sueldo del montón, la riqueza por sí no tiene ningún significado más que para ese hombre rico con su familia, la riqueza solo tiene significado cuando va más allá de esa persona y familia y se convierte en parte de la comunidad, he ahí la trascendencia del aporte de don Nicolás, que dicho sea de paso, le empezó a ir mal, se le había muerto una niñita, la única hija que tuvo, Armidita, le puso el nombre de ella al fundo ejemplar, modelo, que abrió o habilitó en el valle de El Tránsito, en el pueblo de El Tránsito propiamente, con el cual obtuvo premios incluso de tipo internacional, de un concurso vitivinícola, que lo supo trabajar muy bien porque trajo expertos para que manejaran el parrón, la viña; y después, por allá por 1889, murió uno de sus tres hijos varones, Nicolás Segundo, fracasó su campaña para ser Senador, de manera que vino a menos, el último miembro de la familia, doña Otilia Fontecilla de Naranjo, era una mujer bellísima, realmente bellísima, vivía en calle Serrano esquina San Ambrosio actual, y era la viuda de don Roberto Naranjo Ossa, médico del hospital, médico de la armada, hombre muy probo, autoridad en algún momento también de Vallenar, esa señora que había tenido ese pasado tan bello, porque ella era flor de lindura, murió como menesterosa; el destino de algunas familias, el destino de algunas personas es así, pero quedaba en pie el obsequio, por eso hablo de leyenda, porque él nunca se retractó de su obsequio, no dijo nunca “Devuélvanme lo que les regalé porque ya salieron del problema o están saliendo”. No, en el contrato hecho ante Notario de Vallenar de 1878, dijo que el regalo era a perpetuidad, pero a mí lo que me impacta es él, como un hombre que llega a la cúspide de las apetencias humanas en materia económica, como después venido a menos, lo único que va quedándole en pie es el gesto, por eso hemos titulado nuestra intervención: “Nicolás Naranjo, la Permanencia de un Gesto”, porque ese gesto permanece aún hasta hoy, cuando ya el hospital por supuesto se encuentra en ésta etapa espléndida, admirable en muchos sentidos, él es la figura de la historia del hospital, a él, con gusto, le ofrendamos nuestro pensamiento, ahora que se inaugura ésta placa que lo identifica junto a su retrato, muchas gracias.

 

El Noticiero del Huasco

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Un comentario en: Nicolás Naranjo, la Permanencia de un Gesto

  1. Con sumo grado leo en éste prestigioso medio una charla íntegra de corte histórico de don Jorge Zambra Contreras, quién más que profesor es un verdadero MAESTRO de nuestra cultura e identidad local. Don Jorge Zambra es una de las tres figuras culturales más relevantes de toda la historia de la provincia del Huasco, conformando una tríada de lujo junto a Luis Joaquín Morales y a Benigno Ávalos Ansieta, éstas tres personalidades polifacéticas conforman lo más lúcido de todo el acontecer cultural del Huasco desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.
    Don Jorge, en ésta charla magistral, tuvo la delicadeza de no abordar el desafortunado cambio de nombre que afectó al Hospital local, decisión que se tomó sin contar con una participación adecuada de parte de la ciudadanía. Esto dejó en el olvido el nombre original de Nicolás Naranjo, filántropo local que donó los terrenos para la construcción del Hospital San Juan de Dios de Vallenar, en el año 1878, que funcionó en el centro de Vallenar hasta el año 2007, cuando su nombre fue reemplazado por el de Monseñor Fernando Ariztía, otro buen nombre, merecedor también de perpetuar su obra en Atacama, pero muy distinto en su sello local Huasquino. El traslado e inauguración del nuevo hospital provincial hubiera sido una muy buena oportunidad para darle continuidad al noble gesto que tuvo Nicolás Palacios con su gente, hubiera sido linda oportunidad para ir perpetuando los nombres de nuestra cultura local huasquina que han hecho un aporte notable a su tierra. Lamentablemente nuestras autoridades no tuvieron, una vez más, la suficiente claridad para notarlo.

    Franko Urqueta T.
    Investigador Local y Reportero Raso.

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