La columna de Charly Purple: Feminismo a la Chilean Way

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Recuerdo un episodio de Friends cuando las mujeres se enfrentaban a los hombres en un juego de fútbol americano y para lograr distraer al contrario, las mujeres se levantaban la camiseta y anotaban el touch down. En el mismo sitcom Rachel y Mónica recurrieron a besarse para recuperar el piso perdido en una apuesta, apelando nuevamente al comportamiento básico del hombre. El cuerpo femenino ha sido y será siempre, un imán para la mente y por qué no reconocerlo, para la sexualidad y la líbido del hombre. No es de extrañar entonces, que el mismo movimiento que celebró el fin de concursos “sexistas” como el Miss Reef, utilizara el cuerpo femenino (la cuerpa según los grupos más ultrones), como terreno de reivindicación de derechos, como objeto de libre disposición íntima y no como un objeto de regocijo visual, sexual o sensual por parte del hombre. Pero aunque no se quiere reconocer, en esa estrategia subyace también, el arte de sublimar las apetencias sensuales del hombre, que embobado, noqueado, desconcertado, no tendrá más que escuchar el mensaje potente que ese cuerpo revolucionario le está enviando, que ya no es una invitación al deseo, como objeto del mismo, sino una demostración de poder, como iguales (y hasta superiores).

Esa performance, de marchas no violentas, de senos bajo máscaras muy femeninas, con labios pintados y largas pestañas, de colas al aire con enyegüecidas extensiones, copando la primera mitad de los noticiarios, con un Lavín pisando el palito del facilismo con la típica ordenanza buena onda, ha colocado (pelos en las axilas más, compañeres y todxs menos), en el foco de la atención ciudadana al movimiento feminista, como el movimiento más trascendental de la historia reciente, me atrevería a decir que desde la resistencia contra la dictadura Pinochet, de finales de los años ochentas.

Esa es la envergadura del movimiento, por si no lo han notado, ese es el peso histórico con el que cargan estas chicas y estas mujeres enmascaradas con vivos colores de furioso vino tinto. Esa intensidad en pública atención, relevancia, adhesión y controversia, ha sido desbordante y esperanzadora también. Sin embargo, y en razón de la calidad del movimiento y su cobertura, uno puede preguntarse, qué están haciendo realmente con semejante poder ciudadano? Me parece una pregunta válida.

Sin ánimo de incurrir en la práctica conocida como “mansplaining” y opinando desde la trinchera de quien observa al feminismo como una corriente de pensamiento político libertaria y que busca poner fin a injustos privilegios sociales que van más allá de una mera cuestión de género, y en ese entendido por cierto que mis genitales no me inhabilitan para reflexionar sobre la materia (a menos que se trate de seguidoras de Valerie Solana, y frente a eso no tendré argumento posible), me parece viable deslizar la crítica respecto de los resultados del movimiento feminista chileno, más allá de la adherencia y cohesión social que ha conseguido (y que en sí mismo es ya un logro).

La reflexión crítica apunta, a que me parece extraño que semejante poder ciudadano esté siendo enmarcado principalmente en la discusión sobre un tema que, sin ser menor, no parece tan urgente, como lo es la cuestión sexista, la denuncia de acoso, los piropos y el llamado a una educación “no sexista”.

Ustedes podrán decirme con justa incredulidad si acaso obtener el aborto en tres causales me parece poco? La dictación de ordenanzas de acoso callejero? La lucha por protocolos no sexistas en las universidades?

No se si calificar lo anterior como “poco”, pero creo que si debiera llamarnos la atención como sociedad, que en todas estas luchas, la mujer se instale desde una perspectiva centrada en una histórica inferioridad, desde la posición del “sujeto de protección”, algo que paradójicamente el feminismo rechaza, pues al buscar igualar tiende a empoderar y no a victimizar a la mujer.

Sobre el particular es relevante conocer el pensamiento de Camille Paglia o la escritora Virginie Despentes, cuyo texto, Teoría King Kong, debiera ser libro de cabecera de las privilegiadas estudiantes universitarias.

Nos encontramos con un movimiento feminista que a ratos parece más preocupado de obtener unas cuantas leyes contra el sexismo, reinstalar la denuncia del abuso y la violencia machista como si se tratase de una epidemia digna de los talibanes de Oriente Medio, o enarbolar banderas de lenguaje inclusivo y educación “no sexista” de contenido no revelado ni discutido socialmente, y pasar por alto que el aborto en tres causales, más que un avance en derechos de la mujer, es una nueva forma de someterlas a la voluntad de un tercero, más bien a la conciencia de un tercero (que inclusive podría no ser un humano), y así parecen querer soslayar que si una mujer de este país, desea libremente disponer de su cuerpo y de su reproductividad, corre el riesgo de terminar en prisión o morir en la práctica de un aborto clandestino.

Al movimiento feminista no les hace ruido que la solución a la desigualdad de los planes en las Isapres sea desmejorar a los hombres en vez de igualarlas beneficiándolas, por ejemplo. No me extrañaría que terminen aceptando, sin chistar, jubilar a los 65 años, a cambio de una ley de cuotas en la administración pública.

“Sobre ese feminismo extraño, que pretende ganar espacios por secretaría, es importante recordar lo que planteara Camille Paglia:

“Yo digo que la ley debe ser ciega a la raza, el género y la orientación sexual, al igual que dice ser ciego a la riqueza y el poder. No debe haber grupos especialmente protegidos de cualquier tipo, a excepción de los niños, los discapacitados graves y ancianos, cuya fragilidad física exige la atención de la sociedad.”

Entonces vale la pena preguntarse: ¿Dónde quedaron las feministas? A propósito de esta ley de aborto en tres causales que exige violaciones previas; ¿Por qué defendieron este proyecto vil e hipócrita? ¿Acaso se conformaron? ¿Que acaso les acomodó la visión patriarcal de la mujer víctima? ¿El de la pobre mujercita a la que hay que violar para que pueda abortar?

Paglia, planteó una reflexión sobre las violaciones a mujeres como una “circunstancia política”, algo que las mujeres deben aprender a encajar, a superar, a soslayar y así trascender al mero rol de “víctimas” con que la sociedad conservadora las determina.

La escritora francesa Virginie Despentes, ha planteado algo muy similar a propósito de la prostitución femenina y el rol de “víctimas” que se trata de imponer a esas mujeres.

“A lo que voy con esto, es que exigir un rol de víctima en las mujeres para poder acceder a un aborto, sean violadas o porque están en riesgo mortal, no comulga con una posición feminista real o militante pues en ninguna causal encontramos a una mujer que pueda decidir libremente sobre su propio cuerpo y sobre sus derechos reproductivos.

El rol de víctimas, no es más que una obligación forzada precisamente por la clase dirigente más conservadora, para establecer los roles de hombres y mujeres en la sociedad.

La escritora francesa Virgine Despentes plantea, acertadamente a mi juicio, que la violación es “un programa político preciso: esqueleto del capitalismo, es la representación cruda y directa del ejercicio del poder. Designa un dominante y organiza las leyes del juego para permitirle ejercer su poder sin restricción alguna. Robar, arrancar, engañar, imponer, que su voluntad se ejerza sin obstáculos y que goce de su brutalidad, sin que su contrincante pueda manifestar resistencia. Correrse de placer al anular al otro, al exterminar su palabra, su voluntad, su integridad”.”

Yo creo que tener que esperar a ser violada para que el Estado me autorice un aborto es bastante más primitivo y maléfico que unos cuantos piropos o el acoso de ciertos inadaptados, cuyas conductas de acoso, desde hace años que tienen sanciones penales y en el ámbito laboral.

A lo que voy, es que con el volumen y cobertura que tiene este movimiento feminista, sus exigencias debieran ser más trascendentales para evitar que una chica que quiere abortar, porque lisa y llanamente no quiere ser madre, no tenga que correr el riesgo de morir a causa de un aborto clandestino o terminar presa por ello, pues ahí nos parecemos a las sociedades más machistas y primitivas del planeta y no por tener más o menos protocolos para sancionar a un grupito de incontinentes verbales que poseen un bajo control de impulsos sexuales, que por lo demás, no constituyen una regla general.

Lo que digo en cuanto a mecanismos legales es una realidad, basta revisar las normas de los artículos 366 en relación al 361 y 373 del Código Penal, y en caso de acoso sexual laboral, el artículo 2 del Código del Trabajo.

A veces es bueno conocer los derechos que tienes para exigir los derechos que NO tienes, como decidir respecto de tu vida reproductiva. Por eso hablo de que un tema me parece más prioritario que otro.

Asimismo impresiona que quienes sostienen el discurso dirigente, sean aquellos grupos de mujeres más privilegiadas del país, precisamente las estudiantes universitarias, quienes parecen olvidar qué tal vez más importante que obtener unos cuantos protocolos contra el acoso sexual (que los van a obtener de toda formas), sea elevar la condición de la mujer en aquellos aspectos donde el Estado la está violentando, desde que no puede libremente abortar, desde que no protege dignamente a las trabajadoras sexuales, ni a las migrantes, o desde que impone cortapisas a la competitividad laboral de la mujer bajo el disfraz de derechos de la maternidad (si iguales “beneficios” tuvieran los hombres, ya no partirían con una desventaja a la hora de las postulaciones o las promociones, por ejemplo).

Es por lo anterior, que si bien uno puede celebrar la performance, la adhesión, la sororidad del movimiento feminista chileno, una reflexión crítica invita también a darse cuenta que ese tremendo poder ciudadano puede influir en el debate de manera trascendental, o bien quedarse peligrosamente enclaustrado en la mera lucha sexista, en la condena al piropo, en el “lenguaje inclusivo”, en recalcar conductas machistas que ya tienen remedio legal y que como una cuestión de evolución cultural caerán en desuso, pero lamentándonos; en la raya para la suma, de carecer de una cuestión básica en materia de derechos de la mujer como lo es la libertad básica para decidir respecto de su cuerpo y de sus derechos reproductivos sin ser objeto de represión estatal.

 

 

AUTOR: Charly M. Purple.

Es el seudónimo como escritor del abogado huasquino Carlo Mora (Magister © Derecho), litigante de causas sociales y ambientales en la provincia, y como escritor debutó este año con la novela Cocinando con Caníbales y próximamente estrenará Los Vampiros del Huasco, novela con que ganó un Fondart.

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Un comentario en: La columna de Charly Purple: Feminismo a la Chilean Way

  1. MAGISTRAL CHARLY

    Excelente desarrollo del Tema, sin comentarios y digno de apreciarlo en su contexto y argumentos.

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