Este año, 2025, la hoy llamada Escuela Educador Arturo Alvear Ramos de El Tránsito cumple 100 años de vida. Su construcción y funcionamiento se remite al esfuerzo iniciado en 1860 con la Ley General de Instrucción Primaria de Educación, que establecía un sistema de educación pública con el Estado como principal proveedor, supervisor, orientador y garante. Su mandato, por razones obvias, tardó en llegar a los rincones más remotos de la incipiente nación.
Recién en 1925, pese a las graves turbulencias políticas que afectaban al poder central en esos años, se levantaron frente a la plaza de El Tránsito los muros de una pequeña construcción de barro de no más de dos habitaciones. Ahí, protegida del viento por pimientos centenarios y a través de audaces maestros, conocieron su primer silabario un puñado de niños y niñas de la localidad.
De más está mencionar los múltiples obstáculos que enfrentaron estos primeros maestros rurales: la idea de enviar a niños y niñas a la escuela era totalmente ajena a la población, sobre todo en el campo. Había desconfianza, falta de medios (caminos malos, locomoción deficiente, etc.) y, sobre todo, ninguna conciencia respecto de la importancia de educarse. Cabe recordar que la infancia era considerada mano de obra gratuita, y niños y niñas eran enviados a trabajar desde muy temprana edad, tanto en labores agrícolas como domésticas.
Al inicio de la década del sesenta, con el impulso iniciado por los Gobiernos radicales y el aumento de maestros e instructores gracias a la creación de las llamadas Escuelas Normales, llegaron al valle profesores con gran conciencia y compromiso social.
Ese fue el caso del educador Arturo Segundo Alvear Ramos, maestro formado en la Normal de Victoria y con amplia trayectoria como inspector y director de varias escuelas normales del país. Ante la invitación de su amigo y entonces diputado del Partido Radical por Atacama, Eduardo Magalhaes Medling, el educador y también militante radical llegó, en 1964, como director a la entonces llamada Escuela N°9 de El Tránsito.
Atento a las condiciones, prontamente se dio cuenta de que la mayoría de los niños y niñas de las localidades aledañas (La Fragua, La Arena, Pinte, Chihuinto, Las Marquesas, entre otras) no asistía a la escuela o lo hacía de manera irregular. Muchos debían caminar largas distancias –a menudo sin calzado– y su ritmo de aprendizaje era, por decir lo menos, inestable. Grandes eran los esfuerzos de estos docentes por transmitir a sus estudiantes disciplina, amor por el conocimiento y la necesidad de superarse a sí mismos para ser mejores seres humanos y aportar a la sociedad.
Con el apoyo de muchos otros docentes, entre ellos su hijo Gregorio Alvear Altamirano, y su nuera, Irene Azcárate Moreno, en 1965 se creó el primer internado de la localidad, que en un principio funcionaba en casas que los mismos profesores arrendaban para alojar a niños y niñas. En una camioneta Ford amarilla de carrocería tres-cuarto, cada viernes y cada domingo hacían el recorrido por el valle dejando y buscando a los estudiantes; la ruta llegaba a lugares tan alejados de El Tránsito como Imperial por la parte baja y Conay por la parte alta.
Las dependencias definitivas del internado se empezaron a construir entrado los años setenta, también frente a la plaza; y a fines de esa década, la escuela se cambió a su ubicación actual y definitiva, gracias a la donación de terrenos por parte de la familia Gaytán.
Durante estos 100 años de vida, la escuela de El Tránsito, que hoy lleva el nombre del educador Arturo Alvear Ramos por decisión de la propia comunidad hace ya tres décadas, ha educado y formado a centenares de jóvenes, quienes hoy pueden lucir avances y logros gracias a la educación pública. Por ello, extiendo el más cordial y cariñoso saludo en su aniversario a esta comunidad educativa, su dirección, maestras y maestros, apoderados y estudiantes para que la educación con sentido público e histórico continúe mejorando la vida de la población de esta localidad y valle.
Irene Alvear Azcárate
El Tránsito.
