EDITORIAL / Desempleo en el Huasco: cifras que duelen el alma

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Las cifras entregadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) vuelven a poner sobre la mesa una realidad que, lamentablemente, ya no sorprende: el desempleo sigue siendo una de las principales deudas sociales en la Región de Atacama, y especialmente en la provincia del Huasco. Con una tasa de desocupación de 10,4%, superior al promedio regional y nacional, el problema del empleo vuelve a golpear a una zona que ha sido históricamente postergada en materia de desarrollo productivo sostenible.

El número no es solo un porcentaje frío: son familias sin ingresos estables, jóvenes que no encuentran oportunidades, mujeres que deben renunciar a su independencia económica y trabajadores que ven cómo su esfuerzo no se traduce en estabilidad. La situación es aún más compleja si consideramos que, mientras en Copiapó la desocupación bajó, en el Huasco aumentó 2,2 puntos porcentuales en apenas un año. Es decir, el progreso no está llegando con la misma fuerza a todos los rincones de la región.

Y es aquí donde la discusión debe salir de las estadísticas para instalarse en la agenda pública y política. No puede ser que el empleo en la provincia del Huasco solo se mencione en períodos de crisis o cuando las cifras empeoran. La falta de políticas activas de fomento laboral, diversificación económica y fortalecimiento del emprendimiento local revela una ausencia de visión estratégica para el desarrollo de la zona.

El valle del Huasco tiene condiciones únicas para crecer: su agricultura, su potencial turístico, sus recursos naturales, su identidad cultural y su gente trabajadora. Pero falta coordinación, inversión e incentivos reales para transformar ese potencial en empleos dignos y sostenibles. El trabajo no puede depender únicamente de la minería o de proyectos temporales, sino de una estructura económica diversificada que combine innovación, capacitación y apoyo efectivo a las pequeñas y medianas empresas.

La generación de empleo debe ser prioridad política, no discurso de campaña. Requiere planificación a largo plazo, diálogo entre el sector público y privado, y una mirada integral que considere no solo la cantidad de empleos, sino también su calidad, estabilidad y aporte al bienestar comunitario.

En el Huasco, el desempleo no es un número, es un síntoma. Y si no se aborda con seriedad, planificación y empatía, seguirá siendo la barrera que impide que la provincia avance con equidad y justicia territorial.

Fomentar el trabajo es fomentar la dignidad. Y en ello, la provincia necesita menos promesas y más acción.

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