Simplemente no lo pueden evitar. El ex diputado Diego Paulsen, nunca conocido por siquiera un proyecto de ley decente durante su paso por la Cámara, dejó fluir ese ya tradicional desprecio de clase que distingue a la derecha chilena, muy orgullosa ésta de una supuesta descendencia de aquella rancia aristocracia nacional, presuntamente fina, europea, refinada y educada según ellos.
Y en el caso del entusiasta Paulsen, para ganar aplausos y caricias en el lomo de parte de su candidata, no encontró nada mejor que para referirse al actual Gobierno, en cierto modo también a sus seguidores y simpatizantes, eligió llamarlos con el calificativo grosero de “atorrantes” como quien se refiere a una rotada común y útil, que tiene valor si es que acude nada más que para servirles.
Tal como hace unos años atrás, desde este mismo sector se motejaba a la gente sin herencia ni fundos en el sur como “patipelados” se sumaban otras poco edificantes muestras del cariño UDI-RN al señalarse que la gente acudía a hacer fila en los consultorios municipales de madrugada para hacer vida social… o que para pagar menos los usuarios del Metro debían levantarse aún más temprano… y varias otras frases de esa calaña. Cero conexión con la vida real. Cero empatía.
Y también este libreto bien aceitando ha incluido otro clásico sobrenombre para las y los que años atrás nos atrevimos a desafiar este orden y paz social que tanto le acomoda a la derecha: octubristas, dicho con severidad y reprobación como si los millones de chilenos y chilenas cansados de los privilegios y de los abusos de la elite nacional fuésemos todos terroristas, y que de súbito nos hubiese bajado una manía incontrolable por incendiar las estaciones del Metro, supermercados, bencineras y hasta el Museo Violeta Parra.
Al respecto, hay en Atacama un ejemplo claro de ese matonaje comunicacional, como fue el poco recordado ex intendente designado por Piñera, quien los meses y años posteriores al estallido se dedicó desde la prensa regional a masticar su anti octubrismo traumático, hasta cierto punto comprensible si le imaginamos durante esos días corriendo en círculo en su despacho del edificio consistorial del ahora Gobierno Regional, mientras las marchas de protesta se sucedían en las afueras.
Y recuerdo también que en las postrimerías de su mandato este personaje anunció un proyecto que ejecutaría la CONAF, con algo así como 40 millones de pesos de financiamiento, para regar el desierto y obtener artificialmente el brote de las más maravillosas especies florales… bueno, como es de imaginar fue esa una burrada propia de uno de los gobiernos más grotescos y payasísticos de que se tenga memoria en el país.
Por eso viene como anillo al dedo dedicarles la más roja Garra de León a esas tan pulcras y fruncidas figuras de las derechas chilenas, incluidas sus versiones hitlerianas. Para que la luzcan en sus redes sociales pero sin lograr nunca arrancarla ni privatizarla, ni falsificarla ni domesticarla, ni menos hacerla surgir a su antojo con una manguerita de jardinero.
Milko Urqueta Torrejón
