La hora de la provincia: el desafío de no quedar al margen del nuevo gobierno

El candidato a la Presidencia de Chile por el Partido Republicano, Jose Antonio Kast, habla durante un evento de cierre de campaña este martes, en Santiago (Chile). EFE/ Ailen Díaz
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El triunfo de José Antonio Kast en la elección presidencial abre un nuevo ciclo político para el país y, de manera particular, para regiones como Atacama y la provincia del Huasco, donde el respaldo ciudadano fue claro y mayoritario. Ese apoyo, expresado en las urnas, no es un dato menor ni una estadística más: es una señal política que genera expectativas legítimas en un territorio que históricamente ha sentido el peso del centralismo y el abandono de las decisiones nacionales.

Las declaraciones del encargado de comunicaciones del comando republicano en la provincia del Huasco, Alessandro Gómez, reflejan una sensación de satisfacción y deber cumplido tras una campaña exitosa. Pero superada la etapa electoral, lo verdaderamente relevante comienza ahora: cómo ese respaldo se traduce en presencia efectiva de los temas provinciales en la agenda del nuevo gobierno y, sobre todo, en soluciones concretas para una zona que convive con problemas estructurales de empleo, inversión, seguridad, salud y conectividad.

Es comprensible que el nuevo gobierno defina su primer año como un “gobierno de emergencia”, enfocado en materias urgentes como el orden público, la seguridad interior, el crecimiento económico, la migración y el empleo. Sin embargo, el riesgo está en que estas prioridades, abordadas desde una lógica centralista, terminen diluyendo las realidades territoriales específicas. La provincia del Huasco no puede volver a quedar en un segundo plano, esperando que las políticas nacionales, diseñadas desde Santiago, eventualmente permeen hacia las comunas.

El propio diseño orgánico del Partido Republicano, sin directivas provinciales formales y con decisiones concentradas a nivel regional y nacional, plantea un desafío adicional: asegurar que exista una voz clara, permanente y vinculante que represente al Huasco en la toma de decisiones. La coordinación provincial y el cabildo asesor cumplen un rol relevante, pero no pueden ser meros espacios consultivos si se quiere evitar que el territorio sea nuevamente postergado.

Hoy, más que nombres o cargos, lo que la provincia necesita es incidencia real. Que las urgencias sociales mencionadas —seguridad, empleo, vivienda, salud y educación— se aborden considerando las particularidades productivas, sociales y geográficas del Huasco. Que la reactivación económica no se limite a grandes cifras macro, sino que se traduzca en oportunidades laborales locales. Que la seguridad y el orden público se construyan con presencia del Estado y no solo con discursos. Que la inversión llegue, pero con pertinencia territorial y respeto por las comunidades.

El respaldo electoral obliga. Obliga al nuevo gobierno a mirar a la provincia no solo como un bastión político, sino como un territorio que exige respuestas. Obliga también a las fuerzas locales que apoyaron al Presidente electo a ejercer un rol activo, vigilante y propositivo, recordando permanentemente que el Huasco existe, que votó y que espera.

El verdadero éxito del nuevo gobierno, en esta parte del país, no se medirá solo por los anuncios nacionales ni por las cifras de crecimiento, sino por la capacidad de demostrar que la provincia del Huasco no fue solo un punto en el mapa electoral, sino un territorio integrado de verdad al proyecto de país que hoy comienza.

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