Hoy escuchamos a autoridades que desde el Congreso critican con liviandad el estado de la educación en Atacama. Lo que omiten deliberadamente es que muchos de esos problemas se gestaron cuando ellos mismos, o sus sectores políticos, administraban los DAEM antes del traspaso al nuevo sistema. Además, resulta imprescindible recordar que el sistema educativo actual opera con presupuestos limitados, aprobados año tras año por esos mismos parlamentarios que hoy levantan la voz crítica. El dato mata el relato.
Los datos son claros y no admiten relativizaciones: en la provincia del Huasco existe una mejora sostenida en los resultados educativos, reflejada en el SIMCE y en la PAES. En el proceso PAES 2025, más del 80% de los estudiantes del territorio que rindieron la prueba alcanzaron puntajes que les permiten postular a la educación superior, confirmando una tendencia al alza en los últimos años, lograda en un contexto de alta complejidad territorial y con recursos acotados, lejos de cualquier escenario de privilegio.
Durante años se administró la educación pública con abandono estructural: infraestructura deteriorada, procesos pedagógicos debilitados y escasa inversión estratégica. Esa gestión municipal previa terminó por sepultar a la educación pública en Atacama y dejó consecuencias profundas que aún se están reparando, sin que hasta hoy exista un ejercicio real de autocrítica por parte de quienes fueron responsables de esas decisiones.
Hoy, a diferencia del pasado, las comunidades educativas no están solas. Son acompañadas por el Servicio Local de Educación Pública Huasco, mediante un trabajo sistemático y articulado de todas sus áreas, con un énfasis especial en el apoyo técnico-pedagógico: acompañamiento en aula, fortalecimiento de prácticas docentes, apoyo a equipos directivos y reconstrucción de procesos pedagógicos que por años fueron descuidados.
Aquí no hay relatos ni excusas. Hay evidencia. Y la evidencia demuestra que, aun cargando con el peso de decisiones pasadas y operando bajo marcos presupuestarios restrictivos definidos a nivel central, docentes, equipos directivos, asistentes de la educación y jefaturas técnicas, junto al acompañamiento permanente del SLEPH, están sacando adelante la educación pública en el territorio.
Si realmente existe preocupación por la educación de Atacama, el primer gesto debiera ser asumir responsabilidades políticas y dejar de utilizar la educación pública como plataforma discursiva.
Seguimos avanzando, con datos, memoria y convicción, por la educación pública de Atacama.
Nayaret Oviedo Álvarez
Profesora de Educación General Básica
Magíster en Gestión Directiva de Excelencia
