EDITORIAL / Vallenar y el «manoseado» discurso del progreso

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El último informe del Índice de Calidad de Vida Urbana no hace más que poner en cifras algo que en Vallenar se percibe hace tiempo: estamos peor que hace diez años. No es una sensación, es una realidad medible. Pasamos de un nivel “medio bajo” a uno derechamente “bajo”. Y entonces surge una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿de verdad estábamos mejor antes?
La respuesta no es simple, pero apunta en una dirección clara. Hace una década, quizás no había tantos proyectos, anuncios, ni tantas promesas. Pero sí, creemos, existía una mayor conexión con el territorio, una relación más directa entre autoridades y vecinos, una ciudad que —con todas sus carencias— parecía más cohesionada. Hoy, en cambio, se habla de desarrollo, de crecimiento, de inversión… pero la calidad de vida retrocede y no se toma la opinión del vecino.
Y aquí es donde el concepto de “progreso” merece ser revisado. ¿Es progreso tener más infraestructura si no mejora la vida cotidiana y si no se construye en conjunto? ¿Es desarrollo hablar de conectividad si los barrios siguen desconectados entre sí? ¿Sirve sumar proyectos si no existe una planificación que entienda la realidad local? Vallenar no necesita solo más obras; necesita comunicarse entre sí. Con sentido. El problema de fondo parece ser otro: una desconexión creciente. Desconexión entre las autoridades y el territorio que administran, muchas veces más preocupadas de la gestión política que de la gestión real. Muchas veces preocupadas de las redes sociales y los likes. Desconexión entre vecinos, donde el tejido social se debilita y la vida comunitaria pierde fuerza. El informe habla de brechas en vivienda, entorno, salud y medio ambiente. Pero más allá de los indicadores, lo que refleja es una falta de dirección. Porque cuando una ciudad retrocede en múltiples dimensiones, no se trata de un problema puntual, sino de una ausencia de proyecto común. Y eso no se soluciona solo con más inversión, sino con mejores decisiones.
También es necesario decirlo: vivir en campaña permanente no es gobernar. Prometer, anunciar y proyectar no reemplaza el trabajo concreto, sostenido y conectado con las necesidades reales de la comunidad. La planificación urbana no puede hacerse desde la lógica electoral, sino desde la lógica del bienestar.
Vallenar hoy enfrenta una paradoja similar a la regional: hay crecimiento, pero no hay desarrollo integral. Y eso debería encender todas las alertas. Porque si hace diez años estábamos mejor en aspectos clave, entonces el camino que se ha seguido no necesariamente es el correcto.
El desafío es volver a mirar la ciudad desde dentro, de escuchar más y proyectar menos, de reconstruir la confianza entre autoridades y comunidad. Porque el verdadero progreso no se mide en obras, sino en cómo viven las personas.

 

EL NOTICIERO DEL HUASCO

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