¿Qué es el enoturismo? Atacama será sede de la Primera Cumbre Internacional: Programa y actividades gratuitas

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La provincia del Huasco quiere dejar de ser solo paisaje y pasar a ser experiencia. Los días 16 y 17 de abril, la Viña Kunza en Vallenar concentrará la Primera Cumbre Internacional de Enoturismo, una apuesta para transformar la forma en que la región atrae visitantes. La lógica es clara: el vino, el pisco y el pajarete no son el fin, son el punto de entrada.

Patricio Herrera, gerente de Codesser en Atacama y Coquimbo, lo explicó en  Radio Nostálgica: “Este encuentro busca compartir experiencias internacionales de cómo el enoturismo se convierte en un elemento de desarrollo de los territorios y no solamente involucra a los productores de pisco, vino y pajarete, sino que a toda la cadena de valor del turismo”.

La apuesta es amplia y deliberada. El enoturismo se plantea como un eje articulador que conecta agricultura, gastronomía, alojamiento, artesanía y experiencias naturales. No se trata solo de recorrer viñas, sino de extender la estadía y el gasto turístico.

Herrera lo refuerza: “El enoturismo es la excusa para que nos visiten en la provincia del Huasco y la región de Atacama (…) y podamos ofrecerles todo lo que tenemos a nuestra disposición”. Ese “todo” incluye desde viñedos hasta el avistamiento de cetáceos en Chañaral de Aceituno y experiencias de astroturismo en la cordillera. La estrategia apunta a diversificar la oferta y romper la dependencia de un solo atractivo.

La cumbre incluirá expertos internacionales, con una delegación de Uruguay que abordará un problema clave: la estacionalidad, es decir, cómo atraer turistas fuera de los periodos tradicionales.

Herrera dijo que  “hay un impulso que quiere darle el gobierno regional y también Corfo al enoturismo (…) a partir de mayo se va a estar trabajando en un programa que tiene una duración de tres años para seguir desarrollándolo”.

Ese programa busca consolidar rutas que integren mar, valle y cordillera bajo un mismo relato: los sabores de Atacama como hilo conductor.

Aquí aparece la tensión. La región tiene potencial, pero enfrenta desafíos estructurales: conectividad, coordinación entre actores y continuidad de políticas. Sin eso, la experiencia queda fragmentada.

La oportunidad es evidente: convertir recursos dispersos en una oferta coherente. El riesgo también: que la iniciativa se quede en evento si no se sostiene en el tiempo.

El enoturismo, en este contexto, funciona como una llave. No abre una sola puerta, sino varias al mismo tiempo. La pregunta es si Atacama logrará mantenerlas abiertas.

Al final, la apuesta es simple: que una copa de pajarete no sea el destino, sino el inicio de un recorrido. Como una ruta que empieza en una viña, sigue hacia el mar y termina bajo las estrellas, pero solo tiene sentido si todo el trayecto está conectado.

 

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