Geólogo de la Universidad de Atacama llama a la calma y destaca la importancia de la prevención ante la reciente secuencia de sismos en la costa de Atacama.
La seguidilla de movimientos telúricos registrada durante la mañana de este jueves 11 de junio frente a las costas de Carrizal Bajo, en la Región de Atacama, ha generado inquietud entre la población debido a la concentración de eventos en una misma zona geográfica. Frente a este escenario, el geólogo de la Universidad de Atacama, Mg. Juan Campos Nazer, explicó que la actividad observada corresponde a un fenómeno que la ciencia analiza bajo dos posibles comportamientos: un enjambre sísmico o una secuencia asociada a un evento principal con sus respectivas réplicas.
Según detalla el especialista, los registros del Centro Sismológico Nacional muestran que la actividad comenzó durante las primeras horas de la madrugada con un sismo de magnitud 4,1, alcanzando su mayor liberación de energía entre las 08:06 y las 08:22 horas, cuando se produjeron dos eventos de magnitud 5,4 y 5,5. Todos ellos presentaron profundidades relativamente superficiales, entre 19 y 33 kilómetros, ubicándose en la zona de contacto entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana, una de las áreas de mayor actividad tectónica del planeta.
Campos señala que, desde el punto de vista geológico, la secuencia presenta características mixtas, con una aceleración inicial en la ocurrencia de sismos, seguida por un evento máximo y posteriores réplicas de menor magnitud. En términos estadísticos, explica, la gran mayoría de estos procesos corresponden a reajustes locales de la falla producto de la liberación gradual del estrés acumulado, sin que ello implique necesariamente la ocurrencia de un terremoto de gran magnitud.
No obstante, el académico enfatiza que la sismología actual no permite predecir de manera exacta cuándo ocurrirá un gran terremoto. “La probabilidad de un evento mayor nunca es nula, pero en la mayoría de las secuencias ordinarias esta posibilidad sigue siendo estadísticamente baja”, sostiene. Por ello, recalca que este tipo de episodios deben ser entendidos como una oportunidad para reforzar la cultura preventiva y no como un motivo para el pánico.
En ese contexto, el geólogo hace un llamado a la comunidad a revisar los planes familiares de emergencia, asegurar elementos que puedan caer al interior de las viviendas y conocer las vías de evacuación en sectores costeros ante un eventual tsunami. “La Tierra se mueve porque está viva; nuestra tarea es comprender su comportamiento y fortalecer la preparación de nuestras comunidades para convivir de manera segura y resiliente con esta realidad”, concluye.
