La dura vida de los mineros chilenos, a un año del rescate

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Un año atrás todas las pantallas de los hogares proyectaban la imagen de Florencio Ávalos, el primer minero que salía de su entierro bajo la tierra, a 600 metros de profundidad, con la ayuda de las sofisticadas cápsulas “Fénix”.

Hoy la situación dista mucho de la euforia y el clima festivo que se vivió aquel 13 de octubre. En Chile, el entusiasmo se transformó en un clima de violencia social. Y el rescate en el desierto de Atacama, que quizás se interpretó como un “paso adelante” del gobierno de Sebastián Piñera, pronto se convirtió en un paso en falso. No tardaron en emerger las protestas de estudiantes y sindicalistas en el país, descontentos con el gobierno.

Con semejante clima social, los mineros no quedaron afuera. Si bien los primeros meses luego del derrumbe estuvieron marcados por viajes, cenas, homenajes y obsequios de todo tipo, luego de su breve estrellato, expresaron su descontento y dieron a conocer las secuelas del trágico accidente que los mantuvo sin ver la luz del día durante dos meses y medio.

José Ojeda, el séptimo minero rescatado, sufre un cuadro de diabetes. Mario Gómez, quien escribió el famoso mensaje “Estamos bien los 33”, está enfermo de silicosis, una enfermedad pulmonar, al igual que Yonny Barrios.

Además, 13 de los mineros no pueden conciliar el sueño y sigue con licencia médica. El mayor trauma, según los psicólogos, es no poder dormir nunca con la luz apagada. El recuerdo de la oscuridad, y en especial de los primeros 17 días en los que no sabían si alguien los buscaba afuera mientras las reservan se acababan, es una experiencia difícil de superar.

De los 33, hay 15 que están están desempleados. Y de los que consiguieron trabajo, cuatro tuvieron que volver a una minería. Otros se dedican a dar charlas motivacionales por el mundo.

Luis Urzúa, el jefe de turno cuando ocurrió el derrumbe, es uno de los que dicta charlas motivacionales, junto a otros cuatro mineros, haciendo hincapié en la seguridad.

El que más explotó ese rubro fue Mario Sepúlveda, el segundo de los mineros en regresar a la superficie, que montó una empresa junto a su mujer.

En contrapartida, Osman Araya y Darío Segovia se dedican hoy a vender frutas y verduras, mientras que Pablo Rojas, Claudio Acuña, Florencio Ávalos y Víctor Segovia, ya volvieron al trabajo minero.

El ex futbolista Franklin Lobos quedó a cargo de las divisiones inferiores de Deportes Copiapó, mientras que el boliviano Carlos Mamani continúa en la misma miseria que antes del cautiverio.

Mientras el mundo sigue aclamando a estos hombres, en Chile la crisis se hace sentir incluso para estos “héroes nacionales”. Y a pesar de las internas, ellos declararon que sacarán un libro donde contarán todos los secretos que nunca se revelaron de esos 70 días bajo la tierra.

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