EDITORIAL / Freirina marca el camino en cuidados comunitarios

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En tiempos donde el valor del cuidado comienza, por fin, a ocupar el lugar que merece en la agenda pública, la inauguración del Centro Comunitario de Cuidados de Freirina representa un hito inspirador para la Región de Atacama y para el país. Este espacio, el primero de su tipo en la región y el número 50 a nivel nacional, simboliza un cambio de paradigma: reconocer y acompañar a quienes, con amor y sacrificio, sostienen a otras personas en situación de dependencia.

La iniciativa, financiada por el Gobierno Regional de Atacama y ejecutada por el Municipio de Freirina, demuestra cómo la colaboración entre distintos niveles del Estado puede traducirse en bienestar real para las comunidades. Este centro, que en sus inicios fue concebido como un espacio de rehabilitación, hoy se reinventa para poner el foco en las personas cuidadoras, un grupo históricamente invisibilizado y que hoy recibe el reconocimiento que merece.

Las palabras del gobernador Miguel Vargas y del alcalde Fernando Ruhl dan cuenta de un compromiso compartido: acompañar, formar y cuidar a quienes cuidan. La presencia de la ministra Javiera Toro y de autoridades regionales refuerza la importancia de esta política pública que, más allá de la infraestructura, busca transformar la forma en que entendemos la corresponsabilidad social del cuidado.

El testimonio de Rosa Paredes, cuidadora freirinense, resume el sentido más profundo de este logro. Su voz, emocionada y honesta, nos recuerda que detrás de cada cifra y de cada política hay historias de esfuerzo silencioso, de noches sin dormir y de amor incondicional. Y también, que cuidar no debe ser una carga solitaria, sino una tarea compartida y acompañada.

Freirina se convierte así en un ejemplo para toda la Región de Atacama: un modelo de gestión local con sentido humano, que no solo entrega servicios, sino también dignidad. En este nuevo Centro Comunitario se abre una puerta hacia una sociedad más justa y empática, donde el cuidado deja de ser un asunto privado para convertirse en un compromiso colectivo.

El desafío que sigue es claro: extender esta red, fortalecerla y asegurar su sostenibilidad. Porque cuidar a quienes cuidan no es solo un acto de justicia, sino una inversión en el corazón mismo de nuestras comunidades.

Freirina ha dado el primer paso. Que este ejemplo ilumine el camino para toda Atacama.

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