Por Milko Urqueta Torrejón
Por supuesto que la pasada segunda vuelta presidencial la ganó el cartel de medios de comunicación masivos. Todos de propiedad de la elite empresarial, con intereses más que obvios, y que desataron desde hace ya varios años el terror editorial, día a día, para crear las condiciones de miedo e incertidumbre en la ciudadanía.
Y el ensayo de esta campaña nefasta fue el plebiscito constitucional aquel en que la derecha en bloque desplegó todo su arsenal comunicacional para construir el Rechazo. En aquel entonces no les importó dirigirse a una ciudadanía, cuyos índices de salud mental ya eran paupérrimos, para atosigarla con noticias falsas sobre los supuestos horrores que se cometerían en su contra si se llegaba a aprobar esta nueva Constitución.
Lograron aterrorizar a un país que por lejos no tenía ni tiene los mayores índices de criminalidad, demostrado por varios estudios internacionales, pero que igualmente ostenta la corona de campeones mundiales en miedo.
Y sucede que, como para al menos contrarrestar este bombardeo mediático, los sucesivos gobiernos no se han interesado en desarrollar los medios de comunicación públicos (TVN es un cadáver en pie que sobrevive apenas por su programación farandulera, con un concurso donde el que no acierta se cae a un foso, y con teleseries repetidas) dejando además morir a varios otros medios independientes que han intentado enarbolar la bandera del pluralismo informativo.
Renunciar a promover ese pluralismo, y a resguardar el derecho que tiene cada persona a acceder a información de calidad, es una imperdonable negligencia de esta seudodemocracia.
Por eso resulta un juego de niños para los medios empresariales instalar su hegemónica e interesada versión de la realidad. Nada les cuesta difundir el terror, y como toda lógica sicopática y perversa, tampoco les cuesta aliviar ese maltrato desplegando los contenidos más idiotas mediante otorgar la tribuna más amplia a personajes de la farándula y de la chimuchina nacional.
Es así que luego de sofocado el estallido social de 2019 los medios retomaron su agenda distractiva y adormecedora con harta programación basura, replicada por supuesto en sus redes sociales, con toneladas de realitys, competencias de gastronomía disfrazada de programación cultural, teleseries turcas, mucho programa de baile y de concursos, harto fútbol (aunque los delanteros mochos de la Selección causan más lástima que alegría) y harta sensiblería barata repleta de enredos a cuatro patas, engaños, mechoneos, opinología ejercida por veteranas pinochetistas, y toda una glorificación a la tontería en un país que, como guinda de la torta, exhibe los peores índices de calidad en la educación en todos los niveles.
Pues bien, tal parece ser que al igual que antaño y durante los más oscuros tiempos de esta país, la tarea será construir confianza, conciencia, solidaridad y también crear canales de sociabilización de la información; a lo mejor a la vieja usanza de fanzines, panfletos, pegatinas o medios digitales que con la mayor astucia logren sortear este cerco informativo empresarial que, lejos de ceder su misión adormecedora y alienante, tenderá seguramente a recrudecer en el tiempo venidero.
