SR DIRECTOR:
Me encontraba a mucha distancia de Huasco cuando la familia
me hizo saber la noticia. Ángela Largo González, la bisabuela, la última
matriarca del puerto Huasco, había iniciado su viaje a otro mundo, a reunirse
sin dudas, con su hija Carmen Araya Largo, en un esperado abrazo de amor, tras
tantos años de dolor.
Es que desde el asesinato de Carmen, no obstante la fortaleza
con que la matriarca enfrentó el doloroso camino de alcanzar justicia, Ángela
parecía cada vez más frágil, más transparente, más como si estuviera avizorando
el otro mundo, entre un pasado más feliz y un futuro enraizada con el Universo,
lista para continuar con este viaje de eternas transformaciones circulares
junto a sus seres queridos, sus antepasados y su hija que la esperaba ahora desde
el otro lado, con una sonrisa estelar.
Ahora el dolor es solo nuestro, de los que la conocimos y de
su familia, esa familia matriarcal, de un feminismo originario y natural, tan
distinto de los equívocos conceptuales de ciertos liderazgos de género y corrección,
tan actuales, privilegiados y autoritarios.
Las “Araya Largo”, permítanme lo que a primeras luces puede
parecer un exceso, son en realidad, una potencia diferente, una fuerza de la
naturaleza, de ese tipo indestructible, no existe viento que las tumbe, y ese
es tal vez el legado de Ángela, con su mirada dulce, pero firme, y una
resistencia sobrehumanas que heredó a sus descendientes para enfrentar un mundo
cada día más cruento con los débiles y los más humildes.
Ángela Largo nació en Freirina, un 9 de marzo de 1942, hija
de María Delicia González y Juan Largo. Una familia de larga tradición
huasquina, sobrina de Luis Largo, en cuyo honor uno de los pasajes del centro
del puerto se denomina, y prima de René Largo Farías, reconocido locutor y
folclorista de la resistencia a la dictadura que desde la Radio Moscú, mantenía
unido al pueblo con sus raíces. Tuvo 9 hijas, 27 nietos y 36 bisnietos. Una de
sus nietas me ha dicho: “destaquen que su legado fue entregar valores,
principios, más allá de lo material”. Cuánta razón, en este mundo, en este
país, en esta sociedad de lo inmediato y lo material, de anteponer lo material
antes que lo afectivo, Ángela, pese a tanto sufrimiento, supo educar en el amor
que sus hijas demostraron en las horas más oscuras de su historia familiar y la
historia de nuestro puerto.
Largo es su legado.
CARLO MORA URQUETA
HUASCO
