A partir de la segunda mitad de la década de los años setenta del siglo pasado, Vallenar era la cuna de la gimnasia artística en Atacama y el norte chileno y compartía pódiums constantemente con Santiago y Curicó, las otras potencias en el escalafón infantil. Sólo Antofagasta le disputaba la supremacía de ser una de las ciudades del norte de Chile con mayor éxito a la hora de enfrentar las competiciones a nivel nacional.
El primer certamen nacional en el que participaron los alumnos precursores de la Escuela de Deportes “Gualberto Kong Fernández” de Vallenar fue en Temuco, a mediados del año 1976, una inédita experiencia para niños y niñas de 8 a 10 años que nunca habían viajado fuera de la ciudad sin la compañía de sus padres.
En la delegación viajó la pequeña Patricia Delgado Toro, quien -a esa edad- también empezaba a cultivar otro talento: el canto, llegando a lucirse en diversos festivales de la voz de Vallenar y Atacama hasta su edad adulta, ganando primeros lugares constantemente o como invitada especial.
Sus primeros recuerdos relacionados con la Escuela de Deportes de Vallenar se remontan a las mañanas y atardeceres fríos de 1975 en el Estadio Marañón, trabajando a la intemperie, donde debían vencer las adversidades del piso en mal estado y las carencias económicas que traía consigo la mayoría de los alumnos. “El suelo estaba bastante malito y yo hacía el trabajo a pie pelado, porque no tenía zapatillas de gimnasia; primero, porque a mis padres no les alcanzaba para comprármelas y, en segundo lugar, porque en Vallenar no las vendían, se tenían que encargar a Santiago y eran bastante caras”.
Para graficar las carencias logísticas, la hija de “Pelé” Delgado, un conocido comerciante de Vallenar, precisa: “Para hacer un flic flac (giro en el aire de espaldas hacia atrás) teníamos una especie de cinturones con dos personas a los lados que nos tiraban y nos llevaban corriendo. Tiempo después, gracias al esfuerzo de nuestros padres y a la gestión del profesor Iribarren, empezamos todos a tener nuestras cosas”.
Sin mediar preguntas, prosigue su relato: “En ese tiempo, yo estaba niñita, tenía recién once años y estudiaba en la Escuela N° 5. Era muy buena para la gimnasia, ahí me vio el profesor Sergio Iribarren, que siempre andaba en la búsqueda de nuevos talentos, y me motivó para irme a entrenar a su escuela. A mí me gustaba mucho la gimnasia y seguramente él notó la pasión que yo ponía en lo que hacía”.
Respecto de su primera medalla obtenida en competencia, vagamente recuerda que pudo ser en ese torneo de Temuco. “Fue como un tercer lugar, aunque sí me acuerdo que estuve muy bien en el trabajo de suelo”.
Patricia permaneció como alumna de la Escuela de Deportes hasta que terminó su octavo año básico en 1977, ya que para cumplir con su educación secundaria se trasladó a La Serena, donde integró la Selección Regional de Gimnasia de la Cuarta Región, retirándose definitivamente al cabo de un par de meses.
Patricia no puede pasar por alto el cariño y preocupación que siempre encontraron en los profesores: “Don Sergio (Iribarren) y la Marta Peters siempre fueron muy preocupados de nosotros, a pesar que nos faltaban tantas cosas, como un lugar adecuado para entrenar, pero para nosotros todo era un juego y no nos preocupábamos de eso. Lo importante era que la pasábamos muy bien, había mucha amistad y era muy sano todo el ambiente. De repente había cierta chacota, pero en el fondo todo era tan serio y controlado, porque respetábamos mucho a los profesores, lo que hoy no se ve. En los viajes, ellos nos cuidaban mucho y estaban atentos para que no nos faltara nada”.
Como anécdota recuerda que le hizo clases a la actual senadora Yasna Provoste que “en ese tiempo, era chiquitita y yo ya era monitora en la Escuela; me tocaba hacerle una clase en la mañana. Hoy para mí es un orgullo contar esta historia. En ese tiempo, yo estaba totalmente comprometida con la Escuela de Deportes, hasta desfilaba junto a los niños”.
Con el paso de los años siguió ligada a la Escuela de Deportes, tras obtener su título de instructora de gimnasia aeróbica, conocida hoy como zumba. El mismo Sergio Iribarren la llevó a la Escuela de Deportes para realizar sus primeras clases de este baile entretenido. Después trabajó en Digedery Chiledeportes ejerciendo la misma labor. Tras una operación, retomó el año antepasado a las clases de zumba, “pero, como los músculos tienen memoria, tuve que entrenar duro haciendo barra y pesas, incluso hasta logré bajar de peso”, agrega sonriente.
