Amenaza en el liceo: ¿qué nos está diciendo Vallenar? Una mirada sociológica

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Un estudiante de un liceo local escribió una nota amenazando con un tiroteo contra un profesor específico. Afortunadamente esperamos que quede solo en palabras, pero este hecho nos sacude como comunidad. Recordemos el doloroso caso de Calama, donde una amenaza similar terminó en tragedia con la muerte de una inspectora. ¿Por qué estos episodios se repiten? Sociólogos como Ulrich Beck nos ayudan a entenderlo: vivimos en una «sociedad del riesgo», donde problemas modernos como la violencia en redes y noticias se multiplican sin control, afectando más a los jóvenes vulnerables.
Es natural reclamar detectores de metales en las entradas, cercas electrificadas alrededor de los liceos o penas juveniles más severas que conviertan a los adolescentes infractores en «ejemplos». Pero estas medidas securitarias no solo fallan en prevenir —las estadísticas internacionales lo confirman—, sino que agravan el problema estructural. Convertir escuelas en fortalezas refuerza la narrativa de que la violencia es inevitable y solo controlable por la fuerza, ignorando completamente la raíz: generaciones de chicos criados en hogares monoparentales funcionales o ausencia afectiva total, sin herramientas emocionales básicas para procesar frustraciones cotidianas. Arlie Hochschild sería clara: cuando la sociedad no enseña regulación emocional desde la infancia, esas emociones reprimidas emergen como agresión desbordada contra figuras de autoridad como profesores. Más control no educa, estigmatiza y perpetúa ciclos.

Los medios y el «show» de la violencia: efecto contagio documentado

Guy Debord lo predijo en 1967: vivimos en una «sociedad del espectáculo» donde la realidad se reemplaza por su representación mediática alienante. La cobertura del caso Calama no fue periodismo, sino reality show morboso —horas de repeticiones con detalles gráficos, recreaciones especulativas, entrevistas sensacionalistas que glorifican al agresor como antihéroe involuntario. Este tratamiento no informa, sino que genera un efecto Werther moderno (imitación suicida/violenta post-exposición mediática), especialmente peligroso para adolescentes cuya socialización digital amplifica el impacto. Estudios criminológicos confirman: la sobreexposición de tiroteos escolares incrementa incidentes similares en un 15-20% en las semanas siguientes. Los medios locales tienen sangre en las manos cuando priorizan rating sobre responsabilidad ética —informar sí, pero nunca excitar.
El SLEP Huasco ha desarrollado jornadas de convivencia territorial y exhibiciones de trabajos sobre contención emocional e interculturalidad, pero estas siguen siendo acciones aisladas que no forman parte estructural del currículo escolar diario. Falta un enfoque crítico: la educación emocional debe ser obligatoria y permanente en Vallenar, integrada al plan de estudios como prioridad territorial del SLEP, no eventos esporádicos que pierden impacto con el tiempo. El modelo ecológico de Bronfenbrenner exige cambios sistémicos donde familia, escuela y comunidad se alineen cotidianamente para un desarrollo sano.
Vallenar necesita un currículo renovado que dedique horas semanales a alfabetización emocional, resolución pacífica de conflictos y socialización afectiva —medidas preventivas constantes, no paliativos temporales. Detectores ignoran emociones (Hochschild), penas no previenen riesgos modernos (Beck), coberturas sensacionalistas crean imitadores (Debord), y actividades aisladas como las del SLEP Huasco no transforman estructuras profundas. Urge exigir al SLEP Huasco un plan curricular integral, con monitoreo continuo y participación comunitaria vinculante.
Esta amenaza no es «un loco más», sino alerta estructural. Vallenar merece escuelas que formen personas emocionalmente íntegras desde su diseño institucional, no fortalezas ni eventos ocasionales. Reflexionemos críticamente y exijamos cambios profundos.

Jorge Santibañez Zepeda
Sociólogo, Vallenar

 

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Un comentario sobre “Amenaza en el liceo: ¿qué nos está diciendo Vallenar? Una mirada sociológica

  1. Comparto la mirada de esta columna: abordar la violencia desde lo estructural es fundamental.
    El rol de la familia en la primera infancia es clave, pero hoy vemos una preocupante desconexión emocional en muchos hogares.
    A la vez, el Estado ha extendido las jornadas en jardines y escuelas para facilitar la inserción laboral, lo que implica que muchos niños pasen la mayor parte del día fuera de sus hogares.
    Creo que avanzar en autonomía y corresponsabilidad es necesario, pero también debemos mirar sus efectos.
    Entonces, la pregunta es inevitable: ¿cómo construir vínculos emocionales sólidos con tan poco tiempo compartido?
    El desafío es claro: equilibrar «Desarrollo, Trabajo y Bienestar emocional desde la infancia»

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