Estudiante "hijo de Nana" escribe carta abierta al Club de Golf de Chicureo

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Sr Director:

Estimada directiva del Club de Golf Chicureo

Esta será una de las cartas públicas más extrañas y con más toque de resentimiento que recibirán en la vida. Parece que el país no entiende el modo de vida ni los códigos que se manejan en el barrio alto de Chile; es cierto, la gran masa de la población no lo entenderíamos nunca. No poseemos los apellidos rimbombantes y con tradición que los caracterizan (especialmente el señor Bunster, descendiente -probablemente- de uno de los financistas de la Ocupación de la Araucanía), ni las grandes fortunas que manejan. Nuestras vacaciones no son ni a El Tabo ni a las Termas de Chillán, ni apostamos nuestro dinero en algún casino de nombre reconocido. Muchos de mis parientes y amigos viajan, con mucho esfuerzo, por el día a la costa, y juegan en las “máquinas” del negocio de la tía lucha.

Sin embargo no puedo dejar de mirar con asombro e indignación cómo es que las nanas, esas nobles y abnegadas trabajadoras, son miradas en una categoría inferior por la condición laboral con la que conviven desde hace siglos. Pensé, por un minuto, que esta realidad había cambiado, pero en realidad no es así. Quiero arrogarme en esta oportunidad el representar a muchas nanas y familias de tales que no tienen voz: soy orgulloso hijo de una y no podía quedarme callado. Menos imaginándome a mi madre que, ante la falta evidente de dinero, estuvo a un paso de trabajar para gente como ustedes.

¿Quién tiene la autoridad en este país para decidir lo que está bien y lo que está mal? ¿Quién tiene el derecho, legitimado ante todos, de calificar a las personas por su categoría social?

Nuestra patria, ciudadanos, es una mezcla de muchos guetos en la que estamos casi condenados a nacer, crecer, reproducirse y morir. El que nació gerente tuvo un hijo que ocupó la empresa del papá y mandó al nieto a la mejor universidad. El que tuvo un padre político introdujo a su hijo a la política y al nieto ya lo tiene camino a ser Presidente. La nana tuvo la madre nana que trabajó en la misma casa con varios embarazos a cuestas casi hasta dar a luz, de sol a sol, tuvo una hija nana y una nieta en la que se ponen todas las esperanzas para que tenga un mejor pasar.

¿Ustedes tienen idea lo que es ser nana? ¿Saben lo que es levantarse a las 6.30 de la mañana y recorrer la ciudad por atenderles, llegar allá y recoger la ropa sucia (y las vergüenzas del día anterior), hacer la comida (a veces improvisando porque la señora “trajo gente a comer”), hacer el aseo de la casa hasta dejar impecable, volver a recorrer otras dos horas de camino, hacer el aseo de su casa, cocinar para el día siguiente, atender a los hijos y dormir más cansada que la cresta?

No, no tienen idea, porque su tranquilidad está en que le están pagando y es su trabajo. No hay argumentos.

Para ustedes, la tranquilidad que hacen las cosas bien (y que, de paso, el país está bien) es que su campo de visión es el jardín y un muro de 2,40 metros. Más allá sólo un largo camino que los separa de la ciudad. La garantía de que no son delincuentes es que compran ropa con débito sin cuotas y de marcas carísimas, tan caras que una camisa representa el pedido de un mes. Leen El Mercurio porque les dice lo que quieren oír y ven canales extranjeros para diferenciarse. El uniforme lo llevan puesto todo el día: es su forma de demostrar que pertenecen a la misma clase.

La nana no puede entrar sin el uniforme a la selecta mesa del club: debe mostrar que está trabajando y no roba, que salió de su sector para ir a servirles el desayuno y levantar la ropa interior que por flojera no dejaron en la lavadora, debe demostrar que cuida a los niños. ¡¿Para qué hacer una tremenda obra y dejar que se bañen ella y sus hijos, si no pagan la admisión?! ¡Que se bañe con el agua del grifo de su población la rota!

Estimados señores del Club de Golf Chicureo: deberían copiar a esos patrones que dejan que las nanas se sienten a la mesa con los patrones y coman del mismo plato, o que vayan a vacacionar con los niños en el mismo auto: no es ningún pecado. Esa pseudo-conciencia católica que tanto pregonan deberían ponerla en práctica: si la Virgen María viviera hoy no podría bañarse en la piscina. Debería darles vergüenza estar en la boca de medio Chile por esta actitud que demuestra su inconsciencia contra quienes realizan una de las labores más nobles del mundo: limpiar lo que ustedes dejan sucio.

Espero que esto les sirva para que cambien esta actitud vergonzante y se abran a conocer ese Chile de los desheredados, de los que trabajamos con las manos para cambiar nuestra realidad, de los que día con día abrimos un surco en medio de la calle gris para soñar con que los hijos tendrán un mejor futuro que los padres.

Muy atentamente,

Diego Vrsalovic Huenumilla.

 

Fuente: www.elquehaydecierto.cl

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