
A medida pasan los años, observamos que la juventud se impone ante personas de mayor edad, de manera que, aun sin llegar a la vejez, las oportunidades principalmente en materia laboral se restringen sin considerar la experiencia, el talento y los conocimientos que los mayores pudieran entregar.
Pareciera que en nuestros tiempos, la edad se ha convertido en un gran problema para salir adelante, solo basta analizar los anuncios que aparecen en distintos medios de comunicación, en que las empresas solicitan personal menor de cuarenta años, con los que las oportunidades laborales para los que están sobre esta edad casi se agotan.
Advertimos que rebasados los 45 años de edad, las oportunidades se cierran casi por completo, pese a la juventud, la fuerza y el empeño que se pueda tener a los 50, aún muchos sienten el vigor y el entusiasmo para afrontar cualquier reto por muy difícil que parezca, no obstante, parece que la mayoría de los empleadores no piensan igual.
Y al contrario de lo que solía ocurrir en el mundo antiguo especialmente en la Grecia de Homero, Sófocles, entre otros, donde las personas mayores eran particularmente consideradas y se les pedía su sabia opinión, ahora sencillamente se les desecha como seres inservibles a la sociedad.
Lo cierto es que en esta batalla de edad contra experiencia está ocurriendo una «bomba demográfica», ¡pero de despoblación! Cada vez es mayor el número de población adulta que la de jóvenes y niños y ello por supuesto traerá consecuencias ya que el peso económico de una nación no puede recaer en una reducida población juvenil.
Sin duda un tema para discutir, independientemente de la urgencia de reconsiderar la importancia de la familia.
Por: Verónica Zamorano
