Funeraria Godoy, tradición familiar al servicio de la provincia

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Quizá pocas personas se imaginan la diversidad de rubros que el comercio local posee. Aún en una ciudad pequeña, o en pleno crecimiento como la nuestra, existe en Vallenar un sinfín de oficios y profesiones, varios de ellos ejercidos de manera silenciosa, muy de acuerdo con las particularidades que un rubro, por ejemplo como el funerario, requiere.

Nadie seguramente desea demandar este tipo de servicio. A muchos ni siquiera les gusta imaginárselo, pero las funerarias están allí, y en el caso de la Funeraria Godoy, desde 1977 prestando servicio a toda la provincia.

Se ubica donde siempre, Santiago esquina de Fáez, en donde además se encuentra el domicilio de su fundador, don Lorenzo Godoy, quien hace 35 años decidió asociarse al recordado comerciante Héctor Rojas, más conocido como “Rojita”, para crear una incipiente empresa de servicios funerarios. Este negocio llevaría el nombre precisamente de “Rojita” aprovechando la popularidad del flamante socio en la comunidad local de aquel tiempo.

Cuenta don Lorenzo que el primer servicio que realizó la funeraria fue, por trágica coincidencia, para un compadre suyo, quien expiró en brazos del propio don Lorenzo camino al hospital local. Sin duda un duro debut para la empresa.

Años difíciles. Existía ya en Vallenar una empresa similar, y había que abrirse paso en un rubro no muy bien mirado en aquellos años. La superstición todavía muy difundida, junto al simple prejuicio de la gente, hacía fruncir el ceño seguramente a los amigos y cercanos de don Lorenzo y su asociado. Doble espíritu emprendedor diríamos hoy, más enterados todos sobre métodos de comercialización, publicidad o dinámicas de venta que ya no asustan a nadie. Sin embargo, en el seno de la sociedad vallenarina de fines de los 70’s no debió ser sencillo emprender una actividad de este tipo.

Los recursos y la tecnología no abundaban entonces. La adquisición, y especialmente el traslado de ataúdes desde la capital, eran asumidos con sacrificio por ambos socios.

Más encima, a los dos años de iniciarse el negocio, se le ocurre morirse a “Rojita” y queda solo don Lorenzo comandando el buque.

Sin embargo, es aquí donde se empieza a configurar un particular sello que hasta hoy posee la Funeraria Godoy: su cualidad de formar parte de aquella cada vez más escasa casta de negocios familiares, en donde la transacción comercial se basa en la confianza y en aquel trato gentil, cada vez más escaso lo reiteramos, entre los vallenarinos de ayer que se conocían entre todos y con los que no había problema en hacer un trato pues la palabra siempre se cumplía.

Tenemos entonces a don Lorenzo refundando el negocio, esta vez con el nombre de Funeraria Godoy con el que se le conoce hasta el día de hoy, con apoyo de su grupo familiar. Queda por ahí el recuerdo de una camioneta Nissan, color negro, que fue intervenida (o enchulada como se diría hoy) justamente para hacer servicios de traslado fuera de la comuna. Un amigo en Santiago convirtió la camioneta en carroza, y ésta fue todo un suceso a la llegada del vehículo a Vallenar.

Luego vendrían otros dos vehículos, una Ford y una Ford Falcon, buenas, modernas y económicas carrozas que aportaron en entregar un mejor servicio.

Vendrían años de altos y bajos en el rubro. Siempre de la mano de esta zona siempre oscilante, siempre al filo de irnos derechito al progreso, ese que tanto se ha prometido, o yéndonos en picada a convivir con las vacas flacas.

Sin embargo, también hay otros hitos de innovación en el desarrollo de la funeraria de don Lorenzo. Se acuerda él de que hace algunos años complementaron su servicio con el de venta de lápidas, también en algún momento se proveyeron de coronas de flores

“Un curadito del que me hice amigo yo hacía las coronas” cuenta don Lorenzo. Se acuerda también que venía antes la gente y se llevaba sus coronas, aparte del ataúd, para homenajear a sus muertos. Sin embargo, hoy en día existen varias florerías que ofrecen estas coronas. No obstante, se trató de una innovación que tuvo sus frutos durante un tiempo.

“Otra cosa importante que hay que destacar es que antes se usaba mucho, como mi padre es del interior del valle, que venían personas de allá y se llevaban su urna. La cargaban ellos mismos en su camioneta y se la llevaban. Hacían todo ellos” señala el hijo de don Lorenzo, Erick, agregando que aún aparece por la funeraria, aunque muy de tarde en tarde, algún vecino Huascoaltino solicitando sólo la venta de un ataúd, así “a la antigua” sin considerar el completo servicio con que hoy operan las funerarias modernas.

Y más singular se vuelve esta situación si le agregamos el dato que don Lorenzo, muy fiel a la impronta familiar de su negocio, provee a este tipo de cliente de una urna sin existir pago alguno en el momento, ni tampoco un documento que garantice el cumplimiento de la deuda en algún período determinado. Es simplemente la palabra la que vale y que se respeta, así “a la antigua”, como los huasquinos de antes, y nunca le han defraudado.

Pero los años pasan la cuenta. Don Lorenzo, al cumplir los 80 años de edad, comprendió que necesitaba ayuda para llevar adelante su negocio. La competencia que se instalaba en la ciudad, más las exigencias propias de un rubro en constante modernización, hicieron necesaria una nueva forma de administrar el negocio. Es así que se conformó una sociedad entre don Lorenzo, su hijo Erick, y la esposa se éste, Patricia, quien además pasó a ser la representante legal. De eso ya van siete años. Se introdujeron innovaciones, traducidas en la oferta del servicio anexo de cafetería, una mejor y más constante promoción del servicio que se entrega, etc., También se adquirieron nuevos y más modernos vehículos: una carroza Mercedes Benz, y la última adquisición, una preciosa carroza Dodge modelo Mágnum.

Así, las cosas han andado de forma positiva. No tienen la aspiración de arrasar con todas las oportunidades de mercado acaparando todos los servicios que se susciten, sino que mantener esa filosofía de privilegiar el trato amable y humano, y ante todo, cumpliendo a cabalidad con todas las condiciones que considera el servicio comprometido. Prima la calidad del servicio por encima de la cantidad, y es que hay un prestigio que cuidar, más aún en una ciudad pequeña donde todos nos conocemos.

Patricia, la representante legal de la empresa, trabajaba antes en un banco. Reconoce que el cambio de rubro pudiera parecer brusco o chocante, más aún cuando percibe aún cierto resquemor por el tipo de trabajo que ella y sus asociados realizan. Dice que aún, en especial por el decir de algunos habitantes de la ciudad, existe el temor, por ejemplo, de que una de las carrozas se estacionen en frente a sus domicilios. Dicen que es de mala suerte, incluso que entrar a una funeraria lo es. Califican de tétrico este oficio y parecieran no querer saber nada de éste.

Sin embargo, Patricia prefiere quedarse con la visión que tienen sus hijos. Los dos mayores prácticamente se criaron jugando entre las urnas. Aprendieron así a percibir que la muerte no tiene por qué ser un tema tabú. Incluso el tercer hijo, un bebé de poco más de un año de edad, seguramente pronto se deslizará con curiosidad y desenfado por la cubierta suave de un ataúd de madera. Nada mejor que jugar a las escondidas o a que pilotan una nave espacial en aquellas urnas concebidas para fines menos lúdicos. Ningún drama, como dicen ahora los jóvenes. Nunca mejor usada la frase.

Y es precisamente la mirada de uno de los hijos mayores la que mejor resume el espíritu que envuelve y motiva el trabajo de esta familia. En una ocasión, cuando una pariente muy querida tuvo que hacer uso de una las urnas donde los niños jugaban, uno de ellos, comentaría que por fin había entendido para qué servían aquellos habitáculos de madera lustrosa, cámara de tantos juegos… simplemente, para irse al cielo, como si de alguna nave, cápsula o ascensor se tratase.

Si los nietos de don Lorenzo proponen jugar e insuflarle así la vida a un puñado de ataúdes, entonces serán ellos, seguramente, quienes continuarán este trabajo de servicio funerario en el Vallenar del futuro.

Por Equipo El Noticiero del Huasco

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