La columna de Charly M. Purple: No es la forma

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Los realmente peligroso, en este momento, a mi me parece son los moderados. Puede parecer una locura, pero tiene lógica y fundamento histórico. Más peligrosos que los encapuchados, que los chavisto-cubanos, que los terroristas del Hezbollah que se dice están involucrados, que los anarco veganos y todos los alienígenas de Giger juntos.

Me atrevo a decir que los moderados, en este momento histórico, son más peligrosos que las fuerzas especiales mentoladas y sus lumas. No es broma. Sergio Micco, director actual del Instituto Nacional de Derechos Humanos, es la prueba manifiesta de lo que estoy diciendo.

Pese a lo que todos hemos visto en cuanta red social encontremos, sobre el actuar de las fuerzas del orden en la represión de la protesta social, y que evidencian serias y reiteradas violaciones a los derechos humanos, matando, violando personas en sus cuarteles, torturando, mutilando los ojos con balines disparados a las caras de los manifestantes, o en cifras del propio organismo dirigido por Micco: 4.364 personas detenidas, de las cuales 479 son niños, niñas y adolescentes, 1.569 heridos en hospitales de los cuales, hay 473 personas alcanzadas por perdigones, 305 por arma de fuego no identificada, 40 por balas y 31 por balines, existiendo 160 personas con heridas oculares que pueden perder uno de sus ojos.  Se suman las 133 querellas por torturas, 19 por violencia sexual y cinco por homicidio.

Nada de esto existía, hasta antes de que el Presidente declarase el estado de excepción constitucional y es bastante razonable concluir que son consecuencia directa de aquel.

A ello se suma que la filtración de la base de datos de Carabineros da cuenta de los “seguimientos” ilegales que venían desarrollando, actuando como una verdadera policía secreta de los Estados Totalitarios, respecto de simples dirigentes sociales y gremiales.

Los únicos detenidos a la fecha, en nuestra democracia orgullosa, son un soldado que se negó a portar un fusil contra su pueblo, y un profesor que fue captado en cámara pateando un torniquete del metro.

No obstante las cifras, el moderado director del Instituto de Derechos Humanos, la represión de la protesta social y todas esas cifras no son suficientes para considerar que exista una situación sistemática de violaciones a los derechos humanos.

Los moderados también llamar a protestar pacíficamente. Por supuesto, nadie quiere protestar con violencia destruyendo los mismos bienes públicos que a todos nos gustan, pero lamentablemente se olvidan los moderados que 46 años de violencia tienden a parir cierta violencia, violencia que luego es reprimida con mayor violencia policial, desde el Estado gobernado por un multimillonario de rasgos sicopáticos, que está sentado tan alto en su cerro de billetes, que no parece entender que los que vivimos aquí abajo somos seres humanos y no insectos.

“No es la forma”, dicen los moderados, si hasta parecen dignos de merecer el premio Nobel de la Paz de tanta paz que rebosan en sus bocas, declaman, pero la historia nos demuestra que no ha existido nunca otra forma de cambiar el status quo. No en la vida real, no en la Guerra de las Galaxias, ni en Harry Potter. A los Mortífagos hay que plantarles cara, la estrella de la muerte hay que salir a reventarla.

A los moderados, ciertamente, les preocupan más cuestiones como la no realización de la Cop25, la Apec, el prestigio internacional, la caída de la bolsa, los supermercados saqueados, las estatuas derribadas, las instituciones en riesgo, antes que la pérdida de vidas humanas, la tortura, el dolor de las personas, el silencio convertido en rabia de los expoliados que somos casi todo el resto, y muchas veces hasta ellos mismos.

Es fácil explicar por qué roba un hambriento o por qué un obrero explotado va a la huelga. Lo difícil es explicar por qué no roban todos los hambrientos, o por qué no van a la huelga todos los obreros explotados”, expresaba el filósofo Wilhelm Reich en 1933, en su “Psicología de Masas del Fascismo”, y la misma pregunta cabe hacernos cada vez que observamos a nuestros moderados rompehuelgas, llamando una y otra vez a dialogar para mantener una sana convivencia social, para volver a esa “normalidad” horrorosa, que solo nos ha mantenido defraudados y endeudados, una verdadera pesadilla de la que recién parece que venimos despertando.

Los moderados, por cierto, no firman la acusación constitucional contra Piñera porque les parece que debilita la democracia, nos dan lecciones éticas sobre que un Presidente elegido democráticamente debe salir por la vía democrática, como si los mecanismos institucionales no constituyeran una vía legítima y democrática. Han tenido, además, en el caso de Carolina Goic o de la niña Parada – que ya no es niña, sino una mujer que parece estar siempre al borde de un precipicio- el desparpajo de erigirse en una suerte de vomitivos paladines del moderantismo, comparando una acusación constitucional, con el bombardeo de La Moneda y el asesinato de Allende. Una notable vergüenza.

Los moderados llaman a  no pensar en una Asamblea Constituyente, que hay mucho populismo detrás de eso, hay un tufillo  Castro-Chavista, cierto Evomoralismo, totalitarismo soviético en ciernes, dice Bellolio, como si en países mucho más desarrollados que el nuestro, como Italia en 1949  o Francia Post Revolución de 1789, no se hubiere realizado dicho ejercicio fundacional y democrático.

Sobre las Asambleas Constituyentes, el PNUD ha dicho que «a medida que se consolidan regímenes efectivamente democráticos, aumenta la probabilidad de que el cambio constitucional se produzca a través de la asamblea constituyente». No, fíjese, no son precisamente estrategias para establecer los pilares de una Constitución Marxista-Leninista, como piensan en la UDI impopular aterrando a la gente y llamando a centrarnos en “los verdaderos problemas de la gente”.

El moderantismo incluso se ha resistido a la idea ampliamente aceptada por todos, o casi todos, de que ya llegó la hora de cambiar una Constitución, que no solo fue generada por un dictador sino que además establece un infame rol subsidiario en el Estado, que permitió la apropiación de los recursos naturales en las manos de unos pocos colaboracionistas civiles del genocidio, que ha permitido sacralizar un sistema de capitalización individual que expropia los dineros de sus cotizantes para favorecer el financiamiento de los más ricos y sus “emprendimientos” a bajo riesgo, y que en definitiva resta de toda herramienta efectiva al Estado para generar condiciones de bienestar social a cambio de cifras macroeconómicas saludables, que traen aparejado un enorme desprecio por la dignidad de toda vida humana que no se encuentre dentro del selecto grupo del 1% que lo ha saqueado todo.

Nos dicen que pese a ello, la Constitución funciona, que este es el “mejor de los sistemas posibles”, así como Leibniz decía del mundo creado por Dios, parodiado en el “Cándido” de Voltaire a través de la figura del doctor Pangloss, no es el mejor sistema, pero es lo que mejor funciona. Nos reiteran que además con Lagos ya se refundó la Constitución y quedó como nueva, que tal vez se podrían hacer algunas mejoras, pero que no hay sentido en cambiarlo todo para seguir el capricho de unos vocingleros de la calle. Claro, funciona para el interés de ese 1% que se queda con un tercio del PIB. Y si no funciona pues siempre quedará abierta la posibilidad de ir a llorar al Tribunal Constitucional para que proteja los intereses de ese grupito que no respeta la voluntad democrática cuando pierden las mayorías en el Congreso.

Ese moderantismo nauseabundo, es lo que ha hecho que la rabia acumulada haya explotado como un volcán, porque de esa misma tibieza que abriga el 1% privilegiado es que se muere de frío el 99% restante. Esa es la peligrosidad de los moderados, los cautos, los tibios que insisten en sellar aún más esa olla a presión que ya reventó y que no quieren mirar desde la comodidad que les brinda la Cordillera a sus espaldas.

Como toda crisis es una revelación, para que me entiendan los creyentes del dios que salen a rezar, pidiendo “por la paz”, a esos cristianos demócratas que ya nos vendieron antes su “justicia en la medida de lo posible” y que hoy promueven la impunidad, o se hacen los ciegos, como el Director del INDH, para que todo siga igual, les recuerdo aquellos versos apocalípticos de la biblia: por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Es palabra de dios.

Por Charly M. Purple

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