Ya se sabe: la culpa de la inflación y de los altos precios es nuestra. Y estamos pagando, literalmente esa culpa: el pan por las nubes, el aceite llegando a la estratósfera, los combustibles cerca de la estación espacial internacional… uffff… y más encima castigados por intentar pellizcarle un 10% de nuestros recursos con que las AFP tramposas se han hecho mega millonarias impunemente por décadas… y sin generar inflación según Marcel.
Pero la culpabilización y castigo al respetable público no para: también es culpa nuestra la sequía, seguramente por bañar a nuestro perrito una vez a la semana o echarle una manito de gato al tocomocho familiar… pero no es responsable de secar Chile el acaparamiento del agua por parte de las empresas forestales que depredan el bosque nativo para darle duro al pino insigne; las agroindustriales que plantan frutos tropicales como las paltas en zonas semi desérticas como Petorca y el Huasco; o las grandes mineras que ocupan el agua de mejor calidad para sus contaminantes procesos, además de alterar cursos de ríos y cuerpos de hielo andino.
Son culpables también mis vecinos sociates que cada fin de semana, entre peloteras de curados, terminan la farra dándose de botellazos en la cabeza en la calle, quedando los vidrios y algunos dientes regados por todas partes. Es culpable también la vecina que hace hallullas con leña para ganarse unas monedas, pasando a humo la calle por un par de horas, pero no la planta de ENAMI que todas las noches su chancador de minerales le regala una crujiente camanchaca tóxica a los tejados y pulmones de los habitantes de la villa Las Ventanas.
Soy culpable yo también, de aportar con mi kilito de desechos diario, que separados o no se van igual a engordar el vertedero provincial, donde llegan las gaviotas costeras a empacharse devorando pañales y comida descompuesta. Sin embargo, no es culpable de contaminación la CAP que le ha regalado a la provincia, tristísimo Récord Guinness, el único y más monumental depósito submarino de relaves mineros del mundo, y que al ser la empresa apretada un poco en las costillas por la aún débil normativa ambiental, no se le ocurrió mejor medida que depositarlos ahora en superficie, a un par de kilómetros de las poblaciones de puerto Huasco. Por ahí cerca también las termoeléctricas instaladas aportan con su cóctel de gases, material particulado y depósito de cenizas que permanecerán en el territorio por los siglos de los siglos.
El colectivero con auto antiguo no puede transitar lanzando al aire tal nivel de polución pero sí puede hacerlo el tren metalero, con locomotoras diésel absolutamente obsoletas, lanzado humito y polvillo de hierro por varios sectores poblados en su itinerario diario entre Vallenar y Huasco.
Un turista aplasta sin querer una Pata de Guanaco, en una visita al Desierto Florido, pero una planta fotovoltáica arrasa con el suelo vegetal de decenas de hectáreas para hacer su negocio…
Pero no lo olvide: la culpa es suya por llevar al planeta al descalabro ambiental, económico y social. Y las campañas que estas mismas corporaciones diseñan y financian para promover el cuidado del medioambiente le apuntan a usted por no comportarse al nivel esperado de un ciudadano nivel OCDE; y por eso todos los slogans, las cancioncillas radiales y hasta los inofensivos monitos corpóreos le bailan a usted muy rítmicamente para recordarle que es su culpa suya tener el planeta así pal’gato.
Claro, como ciudadanía somos bien responsables en una justa medida de estas problemáticas. Qué duda cabe, y avanzar en concientización será siempre una necesidad urgente. Sin embargo, existe un modelo de desarrollo económico extractivista y trasnacional que depreda a un ritmo desbocado y desmedido, mucho más rápido y definitivo de lo que pudiera hacerlo una comunidad. No se llame a confusión en esto, ni se acepte esta culpabilización ligera, hipócrita e interesada. Esta crisis, esta guerra; todas las crisis y todas las guerras, no son culpa nuestra.
